Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

De monjitas, leyes  y comunicación coprológica

“… que hasta el hijo de un dios, una vez que la vio, se fue con ella, y nunca le cobró, la Magdalena”

Sor Joaquín de Úbeda.

Cuentan que una monja protestaba enérgicamente ante su vecino, porque en el patio de su casa el hijo del señor, -un apuesto joven levantador de pesas- diariamente realizaba sus ejercicios en cueros.

         El señor preguntó a la religiosa cómo era posible que pudiera observar a su hijo, si la verja que separaba su casa del convento medía tres metros de altura.

 

         La hermanita pensó poco y respondió: “es que cuando nos subimos a lo más alto de la escalera, lo vemos perfectamente. ¡Qué vulgaridad de cuerpo!”.

 

         Así ocurre en el país con el éxito de teleaudiencia y ventas publicitarias de la comunicación coprológica. La sociedad es la monjita.

 

         Una comisión presidencial ha elaborado los anteproyectos de leyes de la libre expresión y MC, y la de Audiovisuales que además crearía una comisión supervisora.

 

         Pero resulta que leyes para frenar los excesos verbales de la comunicación coprológica existen desde la dictadura. En verdad, lo que ha faltado siempre ha sido voluntad política para aplicar esas leyes, al alto precio de la popularidad electoral. Por ganar elecciones se han perdido muchas cosas en el país, incluido el respeto y la autoridad.

         Uno celebra la elaboración  de ambos anteproyectos de leyes, y la decisión presidencial de propiciar -con el apoyo del Congreso- un debate nacional sobre el tema. Pero mucho me temo, que el problema no es el joven atleta en cueros, sino las monjitas cachondas que encaramadas en su escalera (sintonizando canales y emisoras) acechan al joven.

 

         Si son nefastos esos programas, si contra-educan a la juventud, si embardunan de excrementos verbales toda discusión que debía ser de conceptos y propuestas, ¿por qué entonces gustan tanto al público en general y a la partidocracia en particular? Aquí alguien miente y simula, y creo que son las monjitas.

 

         Uno saluda la iniciativa y sus anteproyectos, pero teme que convertidas en Ley, de Libre Expresión y MC, y de Audiovisuales) con ellas ocurra igual que con las leyes que mandan licitación en las compras públicas, o las que condenan la corrupción, el nepotismo y la prevaricación.

 

         Me perdonan la tozudez, pero mucho me temo que en esto, quien anda mal no son los medios escatológicos tan preferidos, ni la estructura jurídica tan a la mano, sino la sociedad dominicana. Usted y yo.

 

         El problema no es el joven atleta, sino la lujuriosa hermanita de la caridad que se sube en la escalera, ¡y que tanto criticó a la Magdalena!

         Seguiremos con el tema, pero por hoy, no hago más que reiterar aquí mi vulgar lamento: “La educación, estúpidos, la educación… en valores, por favor, en valores.” ¿”Comprende, comprende?”

El Nacional

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