Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

 Al viejo Matias, en el Convite, frente al bar de los fracasos.

Lo de morir de éxitos para vivir en un fracaso ético tan flagrante que ya hasta Euclides y Alejandrina lo han visto, uno lo vio en el PLD en junio 1999 pero entonces nadie le hizo caso, ni siquiera las víctimas; aunque llegamos al exceso de escribir un libro para denunciarlo. Su título: «ELOGIO DE LA DERROTA.»

          La obra se publicó en 2001, gracias a la solidaridad de Ángel Matos,  de Mediabyte, a quien eché un fraternal «cubo», pues para la ocasión, en olla total, no pude avanzarle más que veinte mil pesos, y sólo años después le pagué el resto. Pero el libro se escribió, y en él se habló de los polvos que tantos lodos han traído. Estoy hablando de cuando por primera vez, en lucha interna por la candidatura presidencial, en el PLD se puso en práctica contra miembros de ese partido una serie de truchimanerias y despropósitos comunes en el PRD de los ochenta o en el reformismo de siempre, ese reformismo que ha sido la escuela nacional de clientelismo, fraude electoral, genocidios y otros horrores.

          En esas históricas y tristemente célebres primarias de 1999, el equipo de Danilo Medina hizo lo que no debía, Leonel Fernández se lo permitió, y ante el abuso, Jaime David no se opuso con la contundencia que la gravedad del momento imponía. ¡Y aquí están hoy los resultados!

           Perdida la virginidad ética en aquel junio (¡siempre junio!), lo que ha venido ocurriendo en el PLD es de una gravedad tal, que una inmensa minoría ha comenzado a verlo y denunciarlo ya públicamente. 

          Éticamente, el PLD se niega a sí mismo cuando niega en los hechos a su santo padre.

          Cuentan que un día, frente al Taj Mahal, Tagore preguntó, «¿qué es un hombre sin un sueño?» Hoy, aterrizado en el Caribe hispanoafricano, sentado frente al Bomba, pregunto yo: ¿Qué es un peledeísta si ha olvidado a Bosch? O para decirlo con palabras del Viejo: «adónde va el buey que no ara». Con el PRD en 1978 ocurrió lo mismo, y a partir de ahí no ha dejado de entrar el mar en ese partido (ayer comenzó un tsunami), justo como hoy entra al PLD.

          El problema es que las tormentosas olas de ese mar pueden ahogar al país, mientras la «intelliguentsia» mundial, invitada por el gobierno, se reúne en Casa de Campo a reflexionar sobre crisis financiera global, pobreza, falta de recursos, apagones y otros diluvios. «¿comprende?»

El Nacional

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