Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Delincuencia, candidaturas y otros poemas

La crisis ética de esta sociedad es de tal magnitud que a los dominicanos sólo nos queda reaccionar. 

La preocupación por la catadura moral de los representantes de la población en ayuntamientos, congresos, gobiernos, ha comenzado tímidamente a preocupar a más de una instancia, personaje, minoría… a alguna gente. ¡Y qué bueno!

Comencemos por decir, que toda gran obra humana, invento, revolución, fue alguna vez, apenas un sueño. Cuando en “los 12 años” las huestes de Balaguer andaban por los barrios cazando jóvenes revolucionarios, el país soñaba con gobiernos que no asesinaran a sus hijos rebeldes sentados en los portales o bajando una escalera. Y un agosto de 1978, de la mano de un partido que fue entonces “la esperanza nacional” lo logramos. Y los señores del luto y de la sangre, de las  hordas y el cuchillo, lloraron como Jeremías.

El sueño de la libertad se hizo realidad, sólo que ahora los gobiernos no nos matan de represión sino de vergüenza. (No es lo delincuentes y avivaos que han salido ciertos chicuelos de la cleptocracia partidaria y/o empresarial, sino lo desvergonzado, exhibicionista y arrogante que ha terminado siendo ese club.)

Desde hace años, entre los secretos peor guardados en pueblos, partidos, pasillos de palacios o salas capitulares, está el de la vinculación de aspirantes a cargos públicos con el lavado de capitales y/o el tráfico de drogas, además de ciertas inconductas que entre hombres genera una solidaridad mal comprendida. (Una cosa es el santo fornicio entre adultos, regalo de Dios y su María Magdalena, y otra diferente, la “incontinencia braguetaria” delictiva, incapaz de detenerse ante una joven casquivana de 16 años, muchas veces inducida a la prostitución light por sus propios padres, que de eso viven.)

Los partidos tienen el balón en su cancha. En la DNCD pueden confirmarles rumores aunque no existan sometimientos formales. Un pueblo es un pañuelo, y la DEA es ya más nacional que un mabí.

Esto es el infierno, en libertad pero el infierno.

Una cosa fue, en 1971, morir a tiros disparados por “La Banda” en cualquier barrio, y otra muy diferente es morir de pura vergüenza, a tiros de impunidad… tan celebrada en cualquier club social, partido político, diario, bar o esquina.

El Nacional

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