El país hiede a mocato
Éticamente, nuestra sociedad nunca había olido tan mal, como a podrido pero peor. Como un grajo que la señora madrileña del barrio de Salamanca aumenta frotándose perfume en vez de bañarse y por eso hiede tanto, digamos que a mocato. Eso, don Radha: La sociedad dominicana hiede a mocato. (Pienso ahora en don Mario Benedetti y sus sentencias: Una cosa es morirse de dolor y otra cosa es morirse de vergüenza.)
Hiede a mocato en clubes sociales que admiten socios antisociales, pienso en los partidos que no son capaces de reaccionar y deshacerse de la basura lumpen-pró que debería avergonzarles. Hiede en las familias destrozadas, con hijos huérfanos de padres/madres vivos y sobre todo pienso en hijos huérfanos de buen ejemplo.
Hiede en esas iglesias que olvidan de dónde vino su jefe político/religioso, servidor de los pobres, defensor de los desvalidos, un ser excepcional que a los suyos no pedía más que ser buenos y hacer el bien, lo demás es protocolo, ceremonial prescindible, y otros mitos. Ser buenos y hacer el bien para que nunca una sociedad, entre rascacielos interminables o el esplendor azul de playas y polígono central capitalino de ensueño, éticamente llegue a heder tanto como a mocato.
Corruptos, lo que se dice corruptos siempre hemos sido en gobiernos, congresos, empresas, clubes sociales, esquinas, desde Ovando y sus damas hasta ayer. Es verdad.
Pero la sociedad dominicana nunca había aceptado tan de buena cara y mejor gana al corrupto ladrón, al encantador señor lavandero. Nunca la neoprostitución de universidad, bar caro y resort, había recibido tanto apoyo de la propia familia, de uno padres decididos a participar en el festín del dinero fácil del narco, la evasión o el erario a partir de las caderas de sus propias hijas. (Es el demonio, Jiménez.)
Ahora que vienen elecciones: Olvídese de peledeístas y perredeístas. Que no le importen Leonel ni Miguel, sus amigos ni sus enemigos, sus conceptos ni sus acuerdos. Escoja lo mejor de cada casa sin importar colores partidarios: rojo, azul, morado o blanco.
Perdón por la esperanza. Olvidé que el país hiede a mocato.
