La dulce moda de la solidaridad
Era tiempo de que la moda no sólo impusiera una falda larga, una corbata corta, una blusita bajaymama. Había que ir más allá.
Es cierto, que a Sócrates, mi hermano artista de los McKinney, cada año lo pierde la familia por culpa de Dominicana Moda DM, que, según mis fuentes, este año acomplejó a la parada madrileña de La Cibeles, avergonzó a más de un salón milanés y abochornó a todos los bonches del modelaje parisino. DM2009 estuvo superada, glamorosa. Pero no es de DM que quiero hablar sino de otra moda también dominicana. Me refiero a la moda de la solidaridad empresarial.
Y es que de un tiempo a esta parte, (algunos tienen décadas en la cosa) a nuestros grupos les ha dado por la solidaridad social y el compromiso, ese involucrarse con la vida, los padecimientos y los sueños de la comunidad y su gente.
Así, el grupo León anda con la dominicanidad y el arte nacional debajo del brazo en su templo/centro en Santiago. El Grupo Popular apoya con firmeza a Sur Futuro, que es como apoyar la esperanza para confirmar que el Sur también existe. Brugal y su fundación no dejan de creer en su gente. Y la lista es larga como es corto El bulevar.
Este fin de semana tocó el turno a Caminantes por la Vida, que es la expresión de esa solidaridad al estilo grupo MERCASID.
La actividad fue celebrada con tal éxito, que el tapón por los autos mal aparcados llegaba a la Kennedy, inundando Arroyo Hondo y Los Ríos. Para poder comprar unas taquillas, hube de sobornar con una flor robada, más una copia de Pedro Guerra y su Alma mía, (todos tenemos un precio) a una ejecutiva del grupo que por la luz de sus ojos diríamos que alguna vez Dios pensó dejarla ciega, ay. Caminantes por la vida fue todo un exitazo de participación, emoción, humanidad.
Ahora que el país éticamente huele a mocato, es una fiesta recomendada por psicólogos ateos, pastores jacobinos y curas de la base, confirmar que a algunos grupos empresariales les ha dado por la solidaridad y ¡qué bueno!
O sea, que como siempre tuvo razón la poesía: Si los malos supieran qué buen negocio es ser buenos, serían buenos aunque sea por negocio.
