Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

La epidemia de cólera que padece Haití, debe despertar a nuestras autoridades de su viejo letargo frente al tema haitiano y nuestra política de migración; pero también frente a otros temas. 

Si fuera cierto que los pueblos, como los hombres sólo aprenden sufriendo, es el tiempo de aprender en cabeza ajena. “Toda lagrima enseña el hombre una verdad”: La Hispaniola  está llorando

La llegada del cólera a la isla, es la gran oportunidad para -de una vez y por todas- organizar el país sin importar los negativos efectos electorales que a corto plazo puede tener el asumir esas responsabilidades. Hablo de patria, señor.

Por ejemplo, ha sido la presencia del cólera lo que ha hecho que las autoridades se decidan a cerrar el mercado binacional para imponer allí ciertos controles sanitarios y migratorios. Eso esperamos. Como esperamos que se imponga un mayor control militar y sanitario sobre la inexistente frontera, que se mejoren las condiciones de vida de los servidores públicos civiles y militares. 

Esta peste isleña –que solo la mediación de Tatica la de Higüey,  podría evitar  que toque tierra dominicana- debe decidir al gobierno a aplicar de una vez y por todas el Reglamento de la Ley de Migración – aunque Franklin Almeyda haga bembitas-; inspirarlo a duplicar sus esfuerzos de lucha contra la pobreza, aumentar el número de soluciones habitacionales, mejorar el suministro de agua potable a la población, y mejorar las condiciones higiénicas de los mercados del país, incluido los del Distrito Nacional.  ¡Qué asco!

Si el costo de hacer esto significa paralizar la segunda línea del Metro, vender a los Bisonó, o a quien los compre los lujosos apartamentos estatales de los Cacicazgos, si el hacer esto significa que las reuniones del Estado con organismos internacionales se hagan en el excelente Club de empleados del Banco Central o el del Reservas, y no en Casa de Campo, si para hacer esto los funcionarios deben andar en Toyota Camry, viajar en clase económica… pues que se haga YA.

Al fin y al cabo, si por ganar elecciones nuestros partidos no son capaces de hacer desde el gobierno lo que prometen desde la oposición y mandan las leyes, más temprano que tarde el ciudadano común de esta patria de olvidos comenzará a desconfiar de democracia y sus partidos, y la dictadura será una tentación de cada tarde. 

Aprendamos en cabeza ajena. “No basta rezar, hay que amar al prójimo como a sí mismo, dar hasta que duela.” Que se aplique el arte de lo posible, sólo después de haber intentado lo imposible. La patria, joder, la patria.

En el caso peledeísta,  hablamos de perder votos para ganar la historia.

A Juan Bosch le bastaron siete meses para alcanzar la gloria. 

Bien deberíamos saberlo los dominicanos que tanto lo hemos padecido: “permanecer y transcurrir, no siempre quiere sugerir honrar la vida.”

El Nacional

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