Un solar de mendigos
Cuando un hombre -y podríamos decir que también un país- están en malas, se caen de espaldas y se dañan el ombligo.
Tal que en nuestro pobre país, -donde la Impunidad S.A. es una institución más sólida que los certificados del Banco Central y la Corrupción una empresa más rentable que Microsoft,- el raro día en que una personalidad que por su comportamiento y aportes tiene ya fe pública hace una denuncia, resulta que es mal informado y se trata de un lamentable error.
Esto es justamente lo que ocurrió la pasada semana a Monseñor Arnaiz al referirse al empresario Chico Ureña y su condición de sargento del E.N. y su edificio millonario.
Por suerte, haciendo honor a su hombría de bien, hidalguía y humildad, monseñor pidió excusas a la familia Ureña y todo fue debidamente aclarado.
Como tantos otros, Chico es un empresario con sus cuentas financieras y bancarias claras, que posiblemente- decidió prestar algún servicio a las FF AA con tal de tener un carnet que lo proteja de los abusos que cualquier ciudadano padece aquí en cualquier registro, oficina, calle o bar.
Así de vulnerables e inseguros andamos por aquí.
¡Pobrecito, cambalache de país!
El error en la denuncia de Monseñor es de mucho lamentar, pues salvo las paradas y rabietas éticas de Wilton Guerrero, poco se hace aquí contra la corrupción, lo que es comprensible pues dadas las características de los votantes dominicanos ya las elecciones no se ganan con prestigio personal, formación política, vocación de servicio o compromiso social desde siempre, sino con dinero, mucho dinero, relaciones con las élites de la partidocracia, influencias, muchas influencias y poco más.
Ahora se trata de llegar entre enero y mayo a algún lugar, y como un santicló en blanco o en morado repartir y boronear, comprar, distribuir.
O sea, que ya no ganan los mejores sino los más ricos o con mayor disposición de recursos del presupuesto nacional, los que más dan.
Es una confirmación desoladora: Trujillo y Balaguer, y más tarde sus buenos hijos, han convertido al país en un gran solar de mendigos algunos sólo de amor, es cierto, pero también mendigos, mendigos.
