Nueva Constitución y fornicio
Y dale otra vez con la nueva Constitución, como si ella fuera solución para un país donde no existe quien haga cumplir las leyes a unos ciudadanos que nos les interesa cumplirlas.
O sea, que lo nuestro, don Radha, es la chercha colmadona, mucho Omega, el violento venerado, muchas «frías» y algunos sábados por VillaCon donde Correa, que ya me fia.
Antes que una nueva Constitución, lo que necesita el país es una ciudadanía respetuosa de las leyes, y un gobierno con vocación para hacerlas cumplir, con un par. Pero no. Aquí cada ley, como un programa de gobierno, es una oda a lo que nunca será aplicado, digamos, una declaración jurada de bienes, cuatro por ciento a la Educación, por decir.
En España no existe Ley de Libre Acceso a la Información Pública, pero sí existe una ciudadanía que exige transparencia a los funcionarios públicos y con eso es suficiente.
Aquí todo es humor, fina y deliciosa chercha. Es más, Jochy y Raymond Pozo deberían ser postularse para algo, ser ministros. Y es que cuando la realidad supera la caricatura, entonces, ella desaparece para convertirse en eso: una caricatura. Por eso, hoy vemos que Melesio Morrobel, el de Freddy, es más ético y democrático que muchos protagonistas de nuestra fauna política.
La nueva Constitución que estrenamos hoy, tan vario pinta y conservadora, ella, es un espejo roto de lo que somos: Es tan reeleccionista, tan presidencialista, fundamentalista, tan poco ciudadana y tan clientelista como somos; por lo que el Profesor Fernández, pragmático como un bombero, con el apoyo de Vargas Maldonado y su PRD, no ha hecho sino arar con los bueyes que tenemos, es decir, los que votan cada mayo, aplicando sin rubor la legendaria frase de Manuel Fraga: «La política es el arte de lo posible, pero sin antes intentar lo imposible, como recomienda el viejo líder conservador, pero eso es tema de otro bulevar.
El problema no es esta nueva constitución sino la falta de una ciudadanía militante y democrática. Trujillo/Balaguer y la exitosa impunidad que ha acompañado a sus secuaces más eficientes, nos han incapacitado para la vida democrática, y ya ven, en 31 años de esfuerzos, lo único que con sobrado éxito hemos podido democratizar aquí, ha sido la corrupción, el lavado, el narco y, por supuesto, (gracias a Dios) el Santo Fornicio, en sus sagrados templos de meditación horizontal. Amén.

