Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

Un mercado, dos  naciones y un olvido

          El pasado lunes estuve en Dajabón, exactamente en el Mercado Binacional de Dajabón, lo que en lunes o viernes es una perfecta redundancia, ya que esos días el mercado es el pueblo. 

          En la provincia Dajabón, fracasada ya la agricultura, haitianizada la mano de obra, todo en gira en torno al Mercado. Así como en el sur de EE. UU. aseguran que una novia sin tetas es un amigo, así, Dajabón sin Mercado sería un desierto.

En Dajabón, la frontera dominico- haitiana es un concepto jurídico político y no una realidad. Hoy como nunca el Masacre se pasa a pie.

A ambos lados de un camino mojado que alguna vez fue un rio, usted puede ver unas señoras haitianas y sus familias, lavando ropas, conversando.  Impacta, por supuesto, la pobreza del pueblo haitiano, ver en pleno 2009 una inmensa carreta con 19 sacos y medio de arroz impulsada, tirada y conducida por un ser humano, la barbarie.

          La circulación en el paso fronterizo de la Aduanas es un inmenso caos. Precisamente, el caos, la desorganización, es lo que reina allí. Aunque, eso sí, en relativa paz que es lo que explica que el haitiano, a pesar de su pobreza, sea uno de los colectivos que menos delinque y con menor presencia en nuestras cárceles.

          Claro, que la violencia contra la mujer aumenta y que la delincuencia nos arropa. Claro, pero también es importante conocer un lugar de un país, «féretro, hueco o sepultura» llamado República Dominica, donde pacíficamente dos nacionalidades se van fundiendo lenta y pacíficamente en una, sin que el Estado dominicano y sus gobiernos todos hayan sido capaces de aplicar una Ley de migración y su Reglamento, por miedo a que los partidos gobernantes pierdan votos y dejen de ganar una senaduría, una diputación, una sindicatura y hasta una Presidencia de la nación.  (O sea, la política como arte de lo posible, el fin justificando los medios y Nicolás Maquiavelo en tragos en un colmadón de aquel lado.)

          Vendedores y compradores documentados o indocumentados en un intercambio totalmente informal, caótico, ilegal y al mismo tiempo fraterno y felizmente tolerado, se reúnen en un mercado que es el sostén económico del pueblo de Dajabón, en Dominicana, y del pueblo de Juana Méndez, en Haití.

          Como ven, lo que vi en Dajabon fue un Mercado Binacional que está haciendo realidad el sueño de los que aquí y allá consideran que la frontera es una ficción, y la isla única e indivisible, y además, de la forma más pacífica y con el visto bueno o la complicidad de todos los implicados, y eso nos incluye a usted y a mí, amigo lector.

Elbulevarconpablo@gmail.com

El Nacional

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