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El camino  evolutivo

El camino  evolutivo

La región del Awash Medio, en Etiopía, es el sitio que se ha ocupado de manera más persistente en la Tierra. Aquí han vivido y muerto miembros de nuestro linaje y algunos permanecieron enterrados durante casi seis millones de años. Ahora, sus restos han salido a la luz tras años de erosión.

Paso a paso, los huesos de este primate primitivo de cerebro pequeño muestran su evolución hacia la conquista del planeta. ¿Qué mejor lugar para entender cómo nos convertimos en humanos?

En el desierto de Afar, en Etiopía, la muerte puede llegar de muchas formas. Están las enfermedades, por supuesto, pero también se puede perecer por el ataque de un animal salvaje, la mordedura de una serpiente, al caer de un risco o en un tiroteo entre un clan afar y los issa del otro lado del río Awash, al Este.

Sin embargo, la vida es frágil en toda África. Esta zona es especial por la esporádica durabilidad de los restos de los muertos. La cuenca de Afar se sitúa justo sobre una falla creciente en la corteza terrestre. Con el tiempo, los volcanes, terremotos y la lenta acumulación de sedimentos enterraron los restos para después regurgitarlos.

 Tim White, paleoantropólogo de la Universidad de California en Berkeley dijo: “La gente lleva millones de años muriendo. Ocasionalmente corremos con suerte y encontramos los restos”.

El proyecto de investigación del Awash Medio, codirigido por White y sus colegas etíopes Berhane Asfaw y Giday WoldeGabriel, dio a conocer su mayor golpe de suerte en octubre del año pasado: el descubrimiento, 15 años antes, del esqueleto de un miembro de nuestro linaje que murió hace 4.4 millones de años en un sitio llamado Aramis, a menos de 30 kilómetros al norte de lo que es el lago Yardi.

Perteneciente a la especie Ardipithecus ramidus, la mujer adulta –a la que llaman “Ardi”– es un millón de años más vieja que el famoso esqueleto de “Lucy” y tiene mucha más información sobre uno de los mayores enigmas evolutivos: la naturaleza de nuestro ancestro común con los chimpancés.

Se ha vuelto casi un reflejo anunciar que el más reciente descubrimiento “rompe con todas las nociones previas” sobre nuestros orígenes. Tim White detesta esta hipérbole. Pero, en el caso de Ardi, parece ser cierta.

Sin embargo, a pesar de ser sensacional, A. ramidus representa apenas un momento de nuestro recorrido evolutivo, que se inicia con un simio oscuro para llegar hasta el ser que tiene en sus manos el destino del planeta.

No hay un mejor lugar en la Tierra para ver cómo se dio esta transformación que el Awash Medio. Además de Aramis, hay otras 14 localidades donde se han encontrado homínidos, miembros de nuestro linaje exclusivo (llamados homininos), desde formas más antiguas y primitivas que A. ramidus hasta las primeras encarnaciones del Homo sapiens.

White me había dicho que estas “ventanas del tiempo” son tan cercanas que literalmente se puede caminar de una a otra en el transcurso de un par de días. Me invitó a unirme al equipo en el campo para demostrármelo.

Nuestro recorrido empezaría en el presente, en el lago Yardi, y retrocederíamos en el tiempo de un sitio a otro, descubriendo las capas que nos hacen humanos, rasgo por rasgo y especie por especie.

Otra teoría

La principal causa de la evolución animal y vegetal, y la consiguiente formación de las razas, especies, es siempre y solo la aparición y la confirmación de las mutuaciones genéticas; mutuaciones que, por lo que nos respecta, son consideradas bajo dos diferentes aspectos de la transmisión hereditaria.

El primer aspecto nos dice que el efecto de una mutación,  puede manifestarse improvisamente, en una cualquiera generación, con señas personales tan precisas y eclatantes que su selección puede requerir pocas, o algunas veces poquísimas, generaciones bien sea en especie como en obra del hombre.

Limitándonos al estado doméstico, existen algunos ejemplos; en el canario: la aparición del copete y del color marrón del plumaje completo, o tal vez la desaparición de los lipocromas (sujetos blancos), o su esclarecimiento.

 Todas «variaciones sobre el tema» debidas a las mutaciones que los criadores conocen bien. En estos casos la verificación del dominio y de los recesos genéticos de aquel cierto carácter, guía con facilidad al criador en el proceso selectivo.

En substancia; o sí o no, o la seña personal aparece o no aparece, o tal vez, en un tercer caso, es segregado y reaparece tal cuál en o en las generaciones sucesivas. 

No hay otras alternativas substanciales. Esta es la denominada herencia mendeliana, aquella de los famosos guisantes verdes y amarillos descrita en las leyes de Mendel.

Anticipo inmediatamente que esta herencia no se refiere al AGI, sino para la adquisición de ciertos colores, tales como el blanco, marrón y algunos otros, lo que es común a todas las otras razas.

El segundo aspecto que, por lo que se refiere en particular el AGI.

El Nacional

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