De manera sorpresiva, como si los usuarios fueran recuas de animales y no ciudadanos de a pie, los sindicatos y empresas de transporte, incluida la pública, aumentaron en cinco pesos el precio del pasaje en una ruta del concho, lo que significa otro garrotazo al magro presupuesto familiar golpeado ya por todos los costados.
En la práctica, el pasajero tendrá que pagar tres o cuatro veces más que los cinco pesos de alza en el pasaje de concho, pues como se sabe para poder llegar o retornar de un lugar a otro se requiere abordar más de un vehículo, porque las rutas del transporte público han sido drásticamente recortadas.
Se sabe que los miles de usuarios de transporte urbano invierten el 25 por ciento de sus ingresos en ese mil veces deficiente e inseguro servicio, que ahora sufre un aumento unilateral que cuenta con la anuencia oficial, a pesar que más de 19 mil choferes del concho son beneficiarios de un subsidio en combustible, cuyo importe millonario sale de las costillas de los contribuyentes.
La Oficina Metropolitana del Transporte (OMSA) se inscribe entre los garroteros de los bolsillos familiares al asociarse a ese aumento injusto e inoportuno, que no servirá de remedio para salvar su macrocefálica estructura, que ha sido el motivo de que centenares de autobuses tengan como temprano destino el cementerio de chatarras.
Ese aumento de cinco pesos en el concho demuestra que el ciudadano ordinario representa poco menos que nada para el Gobierno y los empresarios del transporte, dueños del país, que nunca han querido entender que el de pasajeros es un servicios de interés social y orden público.
A más del subsidio de casi cuatro mil pesos mensuales a los choferes, de que el precio del Gas Licuado de Petróleo- que usan la mayoría de los carros del concho- ha sido congelado, ahora se les tira la carga a miles de trabajadores y estudiantes que cada día tienen que afrontar un servicio de transporte caro, deficiente e inseguro.
A la mala nueva del aumento del concho se agrega el incremento de buena parte de los artículos de primera necesidad, incluidos cereales, carnes y víveres, por lo que debería advertirse a las autoridades lo imprudente y peligroso de apretar la tuerca más de lo razonable.
Los agobiados usuarios y consumidores no tienen quien se conduela por ellos y carecen de suerte e influencia para ser recibidos en Palacio, al igual que empresarios y transportistas, por lo que tendrán que reclamar la presencia delChapulín Colorado, previa imploración de ¿!quién podrá defendernos!?

