La República Dominicana sufre del error de abordar sus problemas de forma aislada y sectorial. No es algo de no tocar el fondo como ahora algunos detractores del presidente de Danilo Medina le acusan, es que, en realidad, muy pocos parecen saber o siquiera interesarles cuál es, en efecto, el fondo de los problemas del país. Hablamos de falta de energía eléctrica, bajos salarios, impuestos, poca calidad en educación , como si fueran problemas aislados unos de otros, cuando en el fondo son exactamente lo mismo.
Nuestra incapacidad de ver nuestros problemas en su base común ha servido solo para crear parches inmediatistas con pocos efectos de mediano y largo plazo, y que los mismos problemas persistan. Es tiempo de, como dicen los americanos, see the bigger picture si deseamos quebrar el círculo vicioso.
El problema de los salarios no es de si son bajos o altos, qué tanto han aumentado y qué tanto deberían aumentar. El problema de los salarios es que, si no hay demanda por más trabajadores, lo que los empleadores estarán dispuestos a pagarles va a permanecer, en el mejor de los casos, estático. Hablar de aumentos de salarios con un desempleo que excede el 15%, una economía informal enorme y una población sensiblemente subcapacitada, es irracional.
¿Cómo se podría aumentar esa demanda de trabajadores? la formalización total de la economía, controles adecuados de protección a la competencia y con inversión extranjera, serían las apuestas más seguras y probables. Pero actualmente la República Dominicana penaliza la formalidad con impuestos corporativos altos, impuestos no tributarios (seguridad social) sumamente costosos, una compleja burocratización que hace el cumplimiento de las obligaciones legales de las empresas una costosa pesadilla, entre otros.
Agregado al problema, la educación dominicana es mala en su raíz. No es tanto un tema de 4%, aulas, u horarios de clases; los libros de texto son malos, los profesores son malos, el método de enseñanza es malo, hasta la misma forma como se visualiza la transmisión de conocimientos está mal. Los estudiantes abandonan los estudios porque las perspectivas de ingresos una vez graduados es pobre, las empresas no buscan contratar con más entusiasmo porque nuestros colegios y universidades están produciendo profesionales malos. Un círculo vicioso difícil de quebrar.
El Estado se planta como el centro del universo nacional, y todo pretende gravitar alrededor de él. Pero el Estado no tiene capacidad material para satisfacer las necesidades en las que se embarca, sea por falta de recursos (que sigue sacando como sanguijuela de los pocos que sí producen) o por ausencia de planificación y continuidad a sus esfuerzos. El factor Estado contrario a tratar de reducirse dentro de la ecuación de desarrollo, persistentemente se agranda empeorando aún más los problemas de fondo.
Pero el problema en sí no es el Estado, sino el poder mismo que los individuos le otorgan a él. Todos no solo son dependientes de ese Estado, sino que desean seguir siendo dependientes. Mientras más se enganchan, más necesita el Estado para mantenerles, lo que vuelve todo al comienzo haciendo el esfuerzo privado más costoso, lo que deprime aún más los salarios, fortalece la informalidad y alimenta el desempleo.
Lo bueno es saber que nuestros problemas sí tienen soluciones lo malo es que la medicina cae muy mal dentro del mar de enganchados, que hoy por hoy, somos todos.
