Opinión

El coronel Casilla

El coronel Casilla

Una vida útil termina a destiempo  por la felonía de vándalos, asesinos, cobardes, y sin piedad, que arrebatan la existencia del prestante   y valioso coronel de la Policía Nacional, Virgilio Casilla Minaya (Chino).

Con la partida a las regiones etéreas de tan querido amigo,  inteligente, activo, a quien ofrecimos clases en seminarios, charlas, conferencias y diplomados, pierden la Policía Nacional, sus distinguidos  familiares, el sector La Fe (en Los Alcarrizos)  y  el país,  a un titán del deber y la moralidad.

Virgilio, como acto de despedida  testamentario, actúa en misión conciliatoria entre dos vecinos, uno de los cuales quería derrumbar una mata de mango para cruzar un cable  de alta tensión. Él,  con legítima autoridad, buscaba la paz y el  entendimiento.

El coronel Casilla Minaya, dadas sus condiciones  éticas,  investigaba, según fuentes fidedignas,  casos de miembros de la entidad policial vinculados en actos inmorales y, como inspirador de sana conducta en el Departamento de Asuntos Internos, en el cual prestan también servicio una  constelación de hombres y mujeres, quienes gozan de credibilidad. Insistimos en que el pueblo dominicano debe despertar ya de la pasividad y el quietismo, ofreciendo su colaboración, sin pérdida de tiempo, al destacado mayor general licenciado José A. Polanco Gómez, jefe de esa institución, quien con firmeza, decisión y entrega, realiza esfuerzos junto a sus firmes colaboradores, aún en medio de limitaciones diversas, cual valeroso combatiente a tono con la frase de Emerson: “Cuando el hombre concentra toda su energía en el cumplimiento del deber, se acerca a Dios”.

La sanción penal se justifica por la necesidad de tutela de los hombres, y como un medio para el restablecimiento del orden jurídico perturbado por la violación a las normas sustantivas  y legales.

El actual Congreso tiene una oportunidad histórica, procediendo a reformular el Códigos procesal y el Código Penal, este último con más de 150 años de vigencia, aumentando las sanciones de los crímenes capitales y otros graves de 30 a 65 años de prisión, y en casos horripilantes a cadena perpetua o estableciendo el cúmulo de pena hasta 70 años, con un mínimo de cumplimiento de 55 años sin que el condenado pueda lograr libertad por otras vías.

 

Hay que dejar el temor, y los sectores judiciales, psicológos, sociólogos, abogados,   escritores y la sociedad civil, rogando a Dios que jamás experimenten la pérdida de un ser querido por garras infernales, criminales y delincuenciales; porque solo quienes han sufrido  dolor pueden hablar de él.

 

Nuestro sentido pésame a los familiares del coronel Casilla, en especial a su prestante y hermano, gloria del derecho y la probidad, doctor Casilla Minaya, eficiente abogado del Estado dominicano.

 

La problemática delincuencial no solo compete a la Policía y  a la Justicia,  es compromiso social de todos los buenos dominicanos. Ojalá el Departamento de Asuntos Internos de la Policía sea honrado con el nombre del coronel Casilla.

 

A la cárcel los verdugos, autores  materiales, intelectuales o cómplices, sean quienes sean los que cometieron tan horroroso crimen… Descansa en Paz.

El Nacional

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