Opinión

El estigma del cólera

El estigma del cólera

Nos persigue la pinta del cólera en todo el mundo, estigma que llevamos los dominicanos. Nicaragua es uno de los países que permite la entrada de dominicanos, sólo si tomamos dos pastillas contra esta enfermedad, como medida de prevención.

Viví esa experiencia hace un par de semanas cuando visité la nación de Sandino [también de Urbano Gilbert].

Un agente de migración me retuvo, eso sí, de forma muy amable y educada. Tuve que pasar a un dispensario médico del aeropuerto de Managua para tomar las indicaciones preventivas de rigor.

Fui informado de que esta medida afecta solo, por el momento,  a dominicanos, venezolanos y haitianos.

 Tuve que tomar las pastillas con la salvedad de que debía comer algo sólido tan pronto llegara al hotel, lo cual hice.

Me garantizaron que no tenían efectos secundarios y debía tomarlas cada vez que ingresara a Nicaragua, por lo menos mientras “República Dominicana esté bajo la amenaza y afectada por el cólera”.

Más que protestar, acaté la disposición, consciente de que es correcta y de que cada país está en el soberano derecho de proteger a sus ciudadanos de cualquier epidemia y de otros fenómenos previsibles.

Que no hayamos hecho lo mismo aquí es lo condenable.

Nadie se  ha enterado de que el Estado dominicano haya dispuestos medidas profilácticas, como las que lleva a cabo Nicaragua.

Haití ha sido el foco de contagio de esta epidemia. Pero se desconocen las medidas tomadas en la frontera y con los vuelos procedentes de ese país.

Los dominicanos salimos y entramos al extremo occidental de la isla, sin que Migración y el Ministerio de  Salud Pública ejerzan control alguno.

Lo cortés  no quita lo valiente. Nicaragua se protege, guardando toda la cortesía y el respeto necesario. Sin tener que ofender a dominicanos, venezolanos y haitianos que la visitan.  Podemos  hacer lo mismo. Nos sobra amabilidad y cortesía para curarnos en salud e imponer las reglas, sin maltratar a nadie.

El Nacional

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