El fenómeno Hipólito Mejía, ha sido impresionante digno de que médicos y sociólogos profundicen su estudio. Lo digo desde mi posición de político experimentado y con larga carrera en el sector público. Después que nos desarropamos de la dictadura de Trujillo y transitamos las etapas del doctor Joaquín Balaguer y finalmente del PLD, hasta ser uno de los puentes determinantes para que Balaguer lo dejara en el poder hasta al presidente Fernández, se lo avancé en la librería La Trinitaria. Los cuatrienios son etapas políticas para no cansar los pueblos. Al máximo dos periodos, como en Estados Unidos. El PLD terminaría en mayo con luces y sombras, aunque su líder, mi amigo el doctor Leonel Fernández siga proyectándose con justo derecho hasta hoy, para el 2016.
Aunque no está abierto oficialmente el proceso, los partidos se preparan para intervenir solos o aliados. El PRD, con Hipólito Mejía, comanda todas las encuestas y la última fue CIP Latinoamericana. Tomando en cuenta cómo vemos el sentir del pueblo, aunque no sea expresado, a veces por cuidar los empleos o no agitar, se siente un deseo mayoritario de cambiar, y es un fenómeno natural después de 12 años, pues dice el adagio que hasta la belleza cansa.
Soy optimista con los proyectos en pie, aunque quiero puntualizar que los partidos deben cuidarse al máximo con el narco, que se escuda con frecuencia en las instituciones. Tenemos también que superar las ojerizas que se han creado en nuestra Junta Central Electoral. No juguemos con candela. Aprovechemos el proceso para que genere el cambio, pero con votos tranparentes y civilizados, que es lo menos que podemos lograr después de más de 50 años en nuestro proceso democrático, avanzando como las tortugas. Me sigue preocupando lo negativo de algunas críticas burlonas y ofensivas por radio, televisión y redes, que no proceden, porque pudren el torneo electoral, y hasta el idioma.
Recuerdo a Juan Bosch y Balaguer y a comediantes de la categoría de Freddy Beras Goico, quien con sus ocurrencias, parecidas a las de Hipólito Mejía, aunque Freddy no era político, recurría a términos estrambóticos.
Hipólito Mejía ya no es el joven presidente que era cuando confesó que lamentaba sus errores. Se propone resarcirlos junto a su tremendo equipo y sectores que conozco de su pueblo, y ha venido sembrando nidos por doquier, donde sus cualidades naturales que algunos cuestionan con irracionalidad; olvidando que tiene prendas humanas indiscutibles, experiencia madurada, humanista, ego motivado por convencimiento, que levanta montañas con carisma, sorprende como demócrata probado, donde yo mismo, más que exigente, en mi vida privada y pública, que no transigimos con la corrupción y debilidades cuestionables seguiré estudiándolo.

