El Partido de la Liberación Dominicana obtuvo un 13% en la contienda electoral de 1994 y lo que más lejos tenía era su ascenso al poder político apenas dos años después. Ese triunfo no lo determinó la popularidad del partido morado, sino el apoyo de Balaguer y más que el apoyo de Balaguer fue el rechazo del doctor Peña Gómez, candidato presidencial del PRD, por su ascendencia y el color de su piel.
Hay que recordar que el PRD ganó la primera vuelta electoral en 1996, al alcanzar un 46% contra un 39% del PLD, pero el doctor Peña Gómez se quedó en un 48.75% en la segunda ronda, dato revelador de que en un sistema electoral de mayoría absoluta no gana necesariamente el partido más grande, como en efecto lo era el PRD en esa oportunidad, y muchas veces se impone el competidor de menor rechazo.
Es evidente que el PLD es la organización principal en estos momentos, pero no conozco una sola firma encuestadora que le otorgue un 40% de apoyo. Su mayor problema no consiste en que no alcanza un 40 unificado (léase bien: unificado), sino en el enorme rechazo que registra en la población por un ejercicio prolongado de poder en el que se han destapado decenas de escándalos de corrupción.
De forma arrogante muchos peledeístas hablan de sus “triunfos” consecutivos desde el 2004, los cuales reproducen comunicadores supuestamente independientes, sin observar que en esos eventos no ha habido equidad entre las fuerzas participantes, pues mientras el oficialismo se vale del presupuesto, vehículos y combustible del Estado, empleados públicos, medios y periodistas pagados, órganos electorales, los escáneres y algo más, las fuerzas opositoras acuden a manos peladas.
La verdad es también que la oposición no ha conectado con el electorado, razón de los bajos porcentajes que le atribuyen los estudios de opinión. Posiblemente ha faltado la articulación de un frente opositor que reúna a partidos de colores e ideologías diferentes y el diseño de una adecuada estrategia.
Pero el PLD no tiene un 40% del electorado. Peor aún: con un rechazo alarmante, rechazo que suele transferirse en votos hacia la oposición y el uso abusivo de los recursos del Estado podría ser insuficiente, por lo que sólo un fraude electoral garantiza su permanencia en el poder más allá del 2020. Posiblemente se acerca el principio del fin del PLD, por lo menos en esta etapa.

