Opinión

El infierno

El infierno

El infierno y la gloria son dos lugares imaginarios, usados con regularidad en los cultos de las iglesias. Según las creencias religiosas los que serán salvos, a la llegada de Cristo, irían a la gloria. Y los demás, los que no se arrepienten y siguen cometiendo pecados, van directo al infierno, sitio estigmatizado como el peor.

Las iglesias de religión cristiana me merecen mucho respeto, pero creo que los dominicanos si no estamos en el infierno, estamos muy cerca de él, con combustibles por las nubes, con una sociedad aterrorizada por la delincuencia y la criminalidad y con kilométricos apagones que dañan la economía y bajan el nivel de vida de las grandes mayorías, pues el porcentaje de dominicanos que dispone de potentes plantas eléctricas es muy bajo.

Ahora la CDEEE acaba de anunciar la salida de servicio de varias plantas y un significativo incremento de los apagones. ¿Cómo es posible que el Producto Interno Bruto crezca todos los años, en los gobiernos del PLD, y no se haya dado una solución definitiva al interminable déficit en el servicio eléctrico? ¿Y dónde diablos están los cuartos de la bonanza que anuncia el presidente y sus bocinas? ¿Dónde está, además, el dinero del festival de empréstitos que llevan a la deuda externa a sobrepasar el 50% del PIB?.

Esas son preguntas que no ameritan respuestas, pues todos sabemos, como bien indican las encuestas, de los altos niveles de corrupción pública que hay en los órganos estatales. Con la agravante de que se trata de una corrupción sin posibilidad de sanción, pues desde el Poder Ejecutivo lo que se procura es el blindaje judicial, para aumentar los niveles de impunidad, como en efecto se hace con las designaciones de miembros del Ministerio Público y jueces de la SCJ y el TC que se escogerán y removerán en los próximos días.

Mientras brilla por falta de institucionalidad y altos niveles de corrupción de forma simultánea carecemos de energía eléctrica (entre otros servicios públicos) y de seguridad ciudadana.

Que me perdonen los cristianos, pero no hay que arrepentirse de los pecados y convertirse para evadir al infierno, porque ¿si no estamos en el infierno, entonces dónde es que estamos? ¡Qué me digan!

El Nacional

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