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El intocable diputado

El intocable diputado

Una secuencia de hechos violentos protagonizados con un atropellante despliegue mediático y absoluta impunidad de parte de las autoridades llamadas a combatirlos, ha venido a recordar en la memoria de una buena parte de la población aquella célebre serie de televisión “Los Intocables”.

Los legisladores gozan de inmunidad pero no para escudarse en ese privilegio condición para incurrir en la comisión de groseros delitos comunes como alterar el orden, protagonizar pedreas y atropellar de forma salvaje a agentes policiales que cumplen con su sagrada misión de preservar la paz social.

En su frenético y enloquecedor empeño de presionar al Congreso para que apruebe disponer del 30% de los Fondos de Pensiones para entregarlos a los trabajadores suspendidos por efectos de la pandemia del Covid-19, el alegre diputado Pedro Botello ha protagonizado desórdenes e incidentes que constituyen una verdadera afrenta para el principal poder del Estado del que desafortunadamente forma parte.

Su más reciente travesura la realizó cuando la emprendió con insultos y amenazas a un agente de servicio en el Palacio Nacional que incurrió en grave pecado, según la reacción de este airado e incontrolable legislador, de comunicarle que sólo podría entrar con una comitiva de 2 acompañantes durante una manifestación que protagonizó frente al Palacio con un grupo de agitadores.

Esta embestida de Botello contra un agente que solo cumplía con el deber de informarle un requisito y protocolo de acceso a la sede gubernamental, fue tan seria y descomunal que un diario lo graficó en su portal digital de la siguiente manera en un titular que debió llenar de indignación y mucha preocupación a sus colegas legisladores, pues se trata de la deslucida imagen de un colega: Botello se “come vivo” a un guardia del Palacio. ¡Insultos y palabrotas!.

Si bien podría considerarse una hipérbole o exageración, en realidad no lo era porque guardaba una estrecha y muy precisa relación proporcional si se le comparara con el exceso cometido por Botello, que luego de una avalancha de insultos y amenazas, sólo le faltó darle una pela al sorprendido vigilante.

El guardia, aunque como hombre al fin tuvo algún grado de lógica reacción frente al atropello verbal, guardó la compostura y, a diferencia del airado Botello, dio muestra de que se puede ser equilibrado y tener control de sus emociones, aun hasta frente a una insólita provocación y sin tener la investidura de legislador.

La acción de Botello fue tan agresiva que pudo haber provocado un baño de sangre porque en un momento dado, el legislador desafió de tal forma al militar que lo invitó a que disparara, pues al parecer quiere emerger como un héroe o mártir.

Aunque había razones de sobras para tener perplejidad ante semejante desbordamiento pasional de Botello, en realidad los que han seguido de cerca su comportamiento dentro y fuera del hemiciclo de la Cámara de Diputados, nada podía sorprenderles porque ésta es la típica forma en que suele actuar.

¿Cómo podía causar sorpresa frente a la opinión pública que ha dado a conocer con amplitud y precisión sus frecuentes desmanes como el cometido cuando encabezó un desorden frente al Congreso en que se lanzaron piedras y provocaron daños en las instalaciones y vehículos de algunos de sus colegas, así como trastornos emocionales a algunos empleados.

¿Qué se puede esperarse de la alocada causa que enarbola Botello con violencia y presiones indebidas a los legisladores para que conviertan en ley el proyecto que obliga a las AFP a entregar el 30% de los fondos acumulados a los afiliados.

Por: Yaneris Piantini Guzmán
PruebaPrueba2400@gmail.com

El Nacional

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