¿Qué Pasa?

EL LADO BUENO

EL LADO BUENO

Se me hacía difícil de entender por qué cada año Melchor, Gaspar y Baltazar se empeñaban en hacerme planchar y planchar. Luego de muchos años felices en los que disfruté hasta de una cámara de videos de juguete con la que ponía películas cobrando entrada en mi barrio, muñecas largas y con muchos pechos y vestidos, hermosos juegos de tazas, tacos, brillantes prendas de juguete y muchas otras cosas, ahora, durante tres años, solo recibía planchas rosadas y una tablita de planchar, del mismo color. El error es que ya tenía 10 años y todos pensaban que habia crecido, mientras que  yo, seguía deseando los mismos juguetes que cuando era más pequeña. Ellos me veían más adulta de lo que en realidad era, pero yo no quería planchas, me negaba a estar feliz con un objeto rosado, que hacia juego con una tabla del mismo color y que solo servía para recordarme el trabajo que debía hacer cuando fuera ya una mujer. Los años siguieron pasando y no me beneficiaron. Un buen día 6 de enero vi el bulto encima de mi cama y sentí que por fin no tenía forma de plancha, ni de tabla, porque era más pequeño y menos abultado. Abrí con emoción el paquete y fue allí cuando pronostiqué que en los años venideros, la tanda sería de pijamas. Y así fue como mi pequeña mente de casi adolescente, comenzó sus primeras “adivinanzas” porque cada año, durante cuatro, recibí entre otras cosas, una pijama. Tenía 11 años y no sabía aún que los Reyes, no eran más que el sacrificio de mis padres, mis tíos, padrinos y vecinos queridos. Fue un día en el colegio, cuando alguien comentaba el regalo de Reyes de sus padres, cuando yo inocentemente dije que los míos, venían de los Santos Reyes, los que ya me veían grande y me dejaban planchas y pijamas. Todos rieron de mis palabras y yo, solo atiné a correr y correr, hasta llegar a mi casa y acostada llorando en mi cama, atar los cabos que me permitieron entender que eran mis padres, quienes me veían tan grande, que solo me dejaban planchas y pijamas. Buenos tiempos, buenas experiencias.

El Nacional

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