¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

No se puede mantener fija nuestra mente sin asimilar los cambios propios de la vida.

A veces escucho y discuto con amigas madres de adolescentes y pienso, que su mente se ha quedado así, quieta en el tiempo y les impide asimilar que frente a ellas, en su casa, ya no tienen la misma personita de antes.

Mariela es de las que se queja mucho.

Me dice en cada conversación que no sabe que le ha pasado a su hija de 19 años, que solo habla de salir, que siempre tiene un plan para divertirse y que vive pidiendo cosas que sabe que ella no le puede comprar.

Marielita, como le decimos sus amigas a la hija de mi amiga Mariela, no quiere andar sin maquillaje y ya esto es un costo adicional a las mil necesidades de su casa, y otra de las “grandes quejas” de su madre.

Juntas más de cinco amigas, todas se muestran de acuerdo en que sus hijas o hijos de esa edad, piden y piden, a sabiendas de que sus padres no cuentan con dinero suficiente para poner en sus manos celulares modernos con internet, o tennis con estilos internacionales.

Mariela tiene también un varón, del que dice llena de quejas que ya se cree hombre y quiere hasta hablar duro.

“Se come todo en un dia”, suele decir, y olvida sus desodorantes, cuando sabe que a media tarde puede tener mal olor.

Debemos estar pendientes de demasiadas cosas y ellos, con su mente desocupada, nunca recuerdan nada ¿no es demasiado para nosotras? Solemos quejarnos.

En nuestra última plática, quisimos ver las cosas un poco más positivas y creo que lo logramos.

Intentamos buscar lados buenos a toda esta experiencia y vimos como maravilloso los cuerpos que hoy tienen nuestros hijos.

Dije a Mariela que su hijo come todo en un dia, pero que si no comiera, todo le saldría más caro, porque tendría que pagarle tratamientos médicos. A esto, le dijimos entre risas, se le agregaría la preocupación y angustia.

Recordamos nuestros amores de adolescentes, cuando no nos dejaban salir y hasta nos fugábamos, y por momentos, entendimos a Marielita estrenando sus nuevas inquietudes de mujercita hermosa. Pensamos que en esa etapa, uno siente tremenda inquietud por estar en todo no quedarnos atrás en la moda.  Creo que logramos mucho, “poniéndonos los zapatos” de nuestros hijos. Pruébelo usted y me cuenta, para reseñarlo en otro Lado Bueno.

 

El Nacional

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