El asunto es hablar
Doña Julia se fue a vivir con su hija y nietos, cuando sus demás hijos se casaron y formaron sus hogares.
Adela, su hija mayor, abrió un espacio en su casa para aquella madre envejeciente, que necesitaba compañía, en ese momento delicado de su vida.
Visité varias veces la casa de Adela, y a veces reía al ver a doña Julia, siempre sentada en el mismo mueble y moviendo los labios como si balbuceara algo que nadie entendía.
Su hija todo el día ocupada en su oficina, sus nietos en el celular o la televisión, y ella siempre sentada, diciendo algo que nadie entendía. Creí en ocasiones que de seguro estaba quejándose de algo, o peleando, o masticando.
Las pocas veces que le habló a uno de sus nietos, la respuesta era algo parecido a: “ya me lo dijiste” o “tu siempre dices eso abuela”.
Todavía en ese entonces, pensaba, que las muchas veces que vi envejecientes hablando solos, así como doña Julia, era porque con el correr de los años perdían el control de sus conductas y ni sabían lo que hacían.
Pero hace unos pocos días cambié de opinión, cuando vi una señora hermosa y rubia, como de algunos 80 años, conversar con un desconocido en el supermercado. El señor se acercó al área de comidas y parecía indeciso, ella entonces se le puso al lado y parecía darle opciones, mientras juntos miraban la comida. Al final, él le dio las gracias y le preguntó su nombre.
Quedé con una grata sonrisa al ver el trato del señor con aquella envejeciente y me fui a comprar quesos. En pocos segundos miré a mi lado y ahí estaba la misma señora hermosa, que con una dicción cuidada me dijo que como seguro yo buscaba algo bajo en calorías, me recomendaba el queso crema, pero que si lo quería con algo más de sabor, eligiera el que tenía hierbas.
La miré maravillada, compré sin pensarlo mucho el queso crema con hierbas, ella sonrió de oreja a oreja y yo le di un abrazo y las gracias.
Entendí que de seguro aquella envejeciente, cuando estaba en su casa, hablaba sola o balbuceaba como doña Julia, talvez por no tener con quien hablar. Y que doña Julia, también debía darse una vuelta en los supermercados y buscar personas amables que le escuchen y acepten de buena gana su asesoría. Así es la vejez.

