Sí, todo pasa y se supera
De seguro que ni la misma Eugenia conocía de sus fortalezas, cuando con 17 años, en su colegio un grupo de niños la rodeaba y le voceaba su defecto físico (cojeaba de una pierna), mientras ella seguía su camino sin contestar, como que no era con ella.
Sus amigas, quizás más débiles emocionalmente que ella, criticábamos cuando la veíamos sonreir, exponer sus clases con brillantez y pasar todas sus materias, a pesar de las burlas que recibía.
Nunca bajó la cabeza, pero tampoco nunca discutió ni peleó con quienes la relajaban, y nos preguntábamos cómo aguantaba tanto.
Los años nos dieron la explicación, a quienes nos mantuvimos cerca de ella y disfrutamos de su gran fidelidad como amiga.
A su entrada a la universidad, uno de sus hermanos se convirtió en delincuente llegando al punto de robar efectos de su casa paterna y dejándolos en mala situación, además de una gran vergüenza. Pero mi querida Eugenia, aunque sufrió mucho, supo sonreir y levantarse, porque (así nos decía) estaba segura de que eso tenía que pasar y luego estaría todo bien.
Se casó, fue feliz, pero luego su pareja le falló, sufrió la decepción y decidió separarse, segura de que tenia que luchar por estar bien, y así lo hizo.
Sola con sus tres hijos, un día me confesó que cuando se acostaba por las noches, sentía que se le metería un ladrón a la casa y que ella no podría defenderse.
También, me decía, que por momentos creía que el techo se le caía encima, o imaginaba que sus hijos andarían descalzos porque no tenia ella con que comprarle zapatos. Pero estaba segura de que era consecuencia del momento y que poco a poco lo superaría.
Es una mujer de muchas risas, muchos chistes y que se ríe hasta de si misma, y así lo hizo cuando su hijo de ya 20 años, entró a la universidad y decidió pagar el semestre completo con sus ahorros, para darse tiempo de ver cómo pagaría los demás.
Tiene un excelente trabajo, pero viaja y vende ropa, tiene un negocio de comida para eventos y si lo necesitas, pone tintes, lava pelos y aplica efectivos tratamientos en un rincón de su patio.
Dice, y también ríe, que nadie la va a convencer de que está mal y que sabe, por todas las cosas que ha pasado para sobrevivir, que todo pasa y se supera, y que por ser hija de Dios, se siente acompañada y protegida. Y eso, de seguro es la causa de su sonrisa.

