¿Qué Pasa?

El Lado Bueno

El Lado Bueno

Hay historias tan tristes que no se pueden contar… pero se cuentan. Juliana decía por ejemplo, que ser madre era muy difícil, y lo afirmaba mientras reunida junto a sus amigas desde la niñez, contaba cosas de esas que no se cuentan por vergüenza y porque te desgarra el alma pronunciar las palabras que la describen en detalles.

El camino de la crianza es duro, aunque se disfruta, muchos dicen que es una lotería, porque aunque pones todo tu amor y todo tu esfuerzo, a veces los resultados no son los esperados. Es como ese edificio que has creído construir con los mejores materiales para que sea fuerte y perdure, pero de repente puedes verlo tirado al piso, como si en vez de buenos bloc, hubieras usado cartón.

Juliana hablaba y lloraba mucho. Decía a sus amigas que su hijo, el que más habia mimado, el que más habia guiado, ahora estaba en la cárcel, porque sus amigos lo habian convencido de dar malos pasos y habia caido en drogas y delincuencia.

Cerraba sus manos fuertemente mientras la abrazabamos todas juntas con ella para darle fuerzas.

Y seguía contando que de un chico dulce y obediente, Carlitos, en los últimos años, creía más en sus amigos que en su familia, fue cambiando hasta estar muy diferente al hijo que recordaba de antes.

Vivía encerrado en su cuarto y se molestaba cuando ella entraba, llegaba tarde a la casa y no la llamaba para avisarle. Se levantaba tarde, como quien trabajó toda la noche, y era en las mañanas cuando tenía cara de arrepentido, pero al atardecer, volvia a ser el mismo agresivo y silencioso.

A veces iba a la cama de su madre y recostaba la cabeza en sus piernas como queriendo decir algo que nunca salía de sus labios. De vez en cuando reflexionaba y Juliana pensaba que era su manera de comenzar a cambiar las cosas malas, pero luego de unas horas, se convencía de que no era así.

Una cosa lo llevó a la otra y ahora pagaba por sus errores, mientras la buena de Juliana, moría de desesperación, pensando en qué había fallado y cómo se vivía con el dolor que llevaba dentro. Se derribó el edificio al que había dedicado su vida, hora por hora, segundo a segundo poniendo bloques, con cuidado, atentando con sus manos para estar segura de que estaban seguros. Y ahora debía asimilar que ¿todo le quedó mal? Poco a poco encontraría explicaciones. Ten fe Juliana.

El Nacional

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