Mientras camina talvez piensa en aquel momento tan difícil de su vida. Cuando los ojos de Rafael suelen verse lejanos, puede ser, digo yo, que se esté remontando a aquel año en el que le ganó la batalla a la vida, a costa de que la perdiera uno de sus seres más queridos.
Puede ser que por eso muchos dicen verlo ahora más sensible. Y es que, hay que estar en sus zapatos para saber qué se siente en un momento así.
Es como si el destino te dejara disfrutar de la vida, pero para ello te haya pedido un precio, sin consultarte antes para saber si quieres o puedes pagarlo.
Y ahí estaba vivo y sano, contrario a unos años antes cuando luego de muchas luchas su médico le dijo que necesitaba un trasplante para poder mantenerse vivo.
Era difícil encontrar alguien que donara uno de sus órganos para dar vida a otro, pero para él, increíblemente no lo fue.
Uno de sus hermanos dispuesto a darle la mitad de su vida, se ofreció como donante, quizás como una manera de retener a alguien que amaba mucho y no quería perder.
Fue así como un dia se vieron ambos en la camilla de aquella clínica dispuestos a arreglarse la vida para seguir juntos.
Cerraron los ojos, seguro como todos en la misma circunstancia, miraron el techo y se dejaron llevar por el sedante y la anestesia, para sumirse luego en un gran frio e inconciencia.
Pasaron las horas, minutos, segundos y la cruda realidad se hizo más cerca en la medida en que pasaba el efecto del momento.
Rafael abrió sus ojos grandes y sintió que la vida comenzaba para él y que Dios le habia bendecido con la salud.
Pero su hermano no los abrió nunca.
Murió en aquel hermoso intento de darle vida a un ser muy querido, al que talvez, si le hubieran anticipado el precio de su sanación, decide irse en lugar de su hermano.
Por eso Rafael, talvez, camina lento, mira tan profundo y piensa…

