¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Una amiga una vez me decía algo que todavía pienso. Afirmaba luego de un análisis, que a veces los padres nos desesperamos porque queremos que los hijos aprendan rápido todo lo que les enseñamos y que las actitudes que les corregimos, sean cambiadas al instante, como por arte de magia. También queremos que nos agradezcan, buscamos esas palabras bellas, con las que deberían premiarnos, luego de ver que les dimos una lección que les fue válida para su experiencia cotidiana. Pero pasan los dias, meses y años y nuestra espera se hace muy larga. Y es ahí donde entra la conclusión de mi sabia amiga, que dice que para sentir esa satisfacción de ver los hijos conscientes y agradecidos, debemos esperar por lo menos 25 años, edad en la que comienzan a ver el mundo como verdaderos adultos y al mirar atrás, entienden el sacrificio de sus padres. Contestando a su análisis, pienso que lo mejor es talvez hacer como hacen las buenas personas cuando aportan a alguien que lo necesita: dar, entregarse, sin pensar que debe haber una retribución por ello. Sentir que el mejor premio es ver, que la obra realizada quedó bien y que, por esto, ya podemos vivir tranquilos. No se si es esta la postura correcta, pero si, después ver los casos de muchos amigos que pasan por lo mismo, entiendo que es la mejor manera de vivir tranquilos cuando envejecemos, sin guardar rencores o malas querencias por los hijos, al creerlos mal agradecidos. Una amiga psicóloga siempre dice que la edad madura, cuando ya no están los hijos y talvez tampoco la pareja, es la ideal para canalizarla haciendo cosas que planeamos y por los hijos, nunca hicimos. Y entiendo que mucha gente madura, ve sus hijos hacer ya sus vidas independientes y se quedan demasiado atentos, como si estos fueran pequeños aún, cuando una mejor decisión es retomar su vida. Es para pensar.

El Nacional

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