Fue una imagen que no podría olvidar mientras tuviera vida. Y es que no todas las cosas se pueden echar por más tiempo que pase, en el bote de la basura.
Tenía aquella mujer, postrada en una silla, mientras una enfermera y un médico le introducian la aguja por uno de sus brazos, pintada en su mente, como el más famoso de los cuadros.
Y pensar en ella, luego de más de 10 años de haberla visto en estas circunstancias, le remontaba al tiempo en que la conoció y pensó que era solo una chica bella y muy frívola.
Erminia era una amiga de mucho tiempo, a la que habia conocido y con quien había trabajado por largos años, sin que tuviera una idea de que detrás de sus variadas y bonitas ropas, había un inmenso corazón que salía en los momentos más indicados.
Y así fue en su beneficio aquel lunes negro, en que su madre estaba postrada en una cama, necesitando sangre para mantener su vida.
La búsqueda era incansable, pero nadie tenía el tipo de sangre que requeria, y tanto él, como los demás familiares, veían pasar los dias y agotando sus esperanzas de salvarla.
Llegó aquella mañana con la cabeza baja a su oficina y junto a un grupo de compañeros, entre los que estaba Erminia, dejó humedecer sus ojos, mientras contaba el estado crítico en que estaba la mujer que lo trajo al mundo.
Contó, lleno de dolor, como aquella viejecita, estaba interna dependiendo de una sangre que no aparecía. Luego se retiró y siguió la rutina del dia.
Horas más tarde, a la salida del trabajo fue a la clínica a ver a su madre y una sorpresa lo dejó sin palabras. Allí estaba ella, su amiga Erminia, sentada en aquella silla, dando sangre a su madre y alargándole la vida.
Erminia, como los buenos samaritanos de verdad, como la gente buena que a veces no nos tomamos tiempo de conocer, había ido a la clínica después de escuchar su problema, y callada decidió ayudar a su madre, porque contaba con el tipo de sangre que se necesitaba.
Ahí estaba el cuadro que no iba a olvidar, la escena que le demostraba que no hay que juzgar, cuando no has tomado tiempo de palpar el corazón.

