A muchos nos ha pasado lo que al bueno de Jaime, la diferencia es que salimos del error a tiempo, y no contamos la historia. Pero él, al parecer amante de la verdad, la contó.
Acurrucado en su cama, pegadito al cuerpecito de su nieto, quien acostumbraba a dormir con él cuando lo visitaba los fines de semana, Jaime escuchó el fuerte timbre de su reloj despertador, abrió un poco los ojos, miró su nieto, extendió la mano y lo apagó sin hacerle caso.
El asunto es que, algo falló aquella mañana, porque de repente, unas horas después recibió una llamada que le hizo regresar a una realidad que tenía bien olvidada.
La voz en el teléfono preguntaba por él y decía una serie de palabras, que de seguro entre sueños duró un tiempo para asimilar y entender.
Era de la oficina en la que trabajaba. Alguien preguntaba preocupado por qué no se habia presentado ya entrada la mañana, porque lo estaban esperando.
Fue allí cuando su mente despertó y sus ojos abrieron por completo. Imagino que para ubicar lo que pasaba y poderlo entender, miró sus sábanas, descubrió su cuerpo debajo de las mismas y desarropó el cuerpecito hermoso de su nieto.
Lo vió y comenzó a remembrar el día anterior.
De repente no entendía lo que pasaba. Su nieto siempre llega a su casa los sábados, duerme con él y disfrutan hasta tarde en cama toda la mañana del domingo, y resulta que los domingos, él nunca trabajaba y se lo dedicaba al pequeño.
Y el problema es que pensó, su hija lo había llevado en la tarde del lunes de visita y lo había dejado para que durmiera.
Así, como siempre, de seguro se tiraron en la cama, rieron, jugaron y quedaron dormidos, olvidando el tiempo, la fecha… los dias.
La mañana siguiente (martes), entonces se transformó en domingo, y si no hubiera sido por la impertinencia de aquella llamada, como domingo se hubiera quedado. Pero la realidad regresa y te da en la cara.
Jaime se paró de su cama, miró el cuerpo de su nieto y lo dejó solo en la cama, con mil ganas de acompañarlo toda la mañana. Se vistió, miró en el espejo con la segura intención de terminar de ubicarse, y salió a su jornada diaria.
Había que cumplir con aquel martes, que por su nieto, por poco se convierte en un relajante domingo.

