Porque no somos adivinos nunca pensé que aquel joven de algunos 14 años un dia me reprocharía el haberle resaltado una de sus deficiencias públicamente.
Llena de emoción periodística llegué aquella mañana a la casa de algunos chicos en condiciones especiales, que representan nuestro país en diferentes deportes. Ellos concursan y ganan. Por lo que quise hacer un reportaje en el que se resaltaran sus condiciones deportivas, su inteligencia y las habilidades que habían logrado en sus respectivas disciplinas. Fue de esa manera que llegué a la casa de Alfredo, aquel chico que que lleno de sonrisas me recibió junto a su madre y con dificultades para articular algunas palabras, me contó sus triunfos en diferentes países, en los que siempre había ganado posiciones notorias. Fue muy grato respirar en ese hogar, en el que su madre, habia puesto años de esfuerzo para que aquel joven se superara y llegara a ser como es. Ella me contó como cada mañana durante esos 14 años de vida de su hijo, lo habia llevado a Rehabilitación, hasta superar en un buen por ciento sus dificultades de nacimiento. Con lágrimas en los ojos, me dijo lo que habia sentido luego de que nació su hijo y le dieron la noticia de que era Síndrome de Down.
Esa fue mi mejor historia y así la escribí. Unos seis meses después, por casualidad, volví a ver a Alfredo y su madre y noté, como mientras ella me felicitaba por la publicación, él se mantenía detrás de mi, vigilante de una oportunidad para hablarme. Cuando me vio sola un momento, se me acercó y me dijo que, por que había dicho sus dificultades para hablar, si el habia hecho otras cosas. Me dijo que le dio verguenza, y en ese momento me la transmitió a mi. Arrepentida, le pedí disculpas , y hoy que recuerdo esta historia, nuevamente le pido perdón. Por eso no digo su nombre, el no se llama Alfredo, (No voy a cometer el mismo error), pero si es un adorable chico del que se pueden decir muchas cosas, sin resaltar sus dificultades, que al lado de sus logros, no tiene importancia. Una vez más perdón.

