Con sobradas razones, que existen también en tu mente y en la mía, la buena de Carmen llevaba dos dias con la cabeza baja, mientras se preguntaba cuál era la manera correcta de educar sus hijos, convencida ya, después de muchas luchas, de que todo iba por un camino equivocado.
Para entenderlo hay que remontarse a los tiempos en que sus hijos eran pequeñitos y ella, apegada a las reglas adecuadas, les pedia explicación por cada objeto que llevaban a la casa.
En una ocasión, Nancy, su hija adolescente, llegó a la casa con dinero y le dijo que habia vendido una de sus pulsas porque no le gustaban. Ella, molesta por esta mal pensada actitud, llamó a la supuesta compradora para confirmar y le hizo devolver el dinero, llenando a su hija de vergüenza, pero convencida de que, no volveria a hacer esto sin consultárselo.
Sin embargo, los tiempos habian cambiado tanto, que habia terminado por acotar la frase de que o te montas en el barco o te ahogas, porque fuera de sus principios, estaba el deseo de sobrevivir de la mejor manera.
Por eso, analizaba ahora, que si no pagaba la cantidad de dinero que le pedían para que su hija saliera airosa de aquel examen para sacar licencia, ella talvez nunca la tendria o le seria mucho más frustrante y trabajoso.
También pensaba que si no llevaba el regalo prometido al jurado que examinaba su hija en las pruebas nacionales, ésta de seguro se estaría examinando una y otra vez, porque las preguntas estaban hechas para complicar el estudiante y ni los mas genios se las sabían. Se vio de repente comprando el regalo, pagando la licencia y aún más, pagando en una oficina pública, para poder tener un parqueo para su carro, por unos pocos minutos. Con su hija al lado, no sabia si reir o llorar, cuando dia a dia veia caer sus teorías de lo correcto y se sentía obligada a montarse en el barco o a quedarse ahogada y sola, porque, sin duda los demás, ya estaban montados, cómodos y felices.

