Cuan torrentes tempestuosos de sufrimientos y amarguras, persecución, atentado a su vida, prisión y destierro injusto, por resolución santanista número 17 del 22 de agosto de 1844, el padre de nuestra nacionalidad, general Juan Pablo Duarte y Diez, héroe y mártir de la Patria, se despoja junto a su familia de todos los bienes que sustentaban. En Venezuela, sufrió hambre, enfermedades y la soledad.
En el primer aniversario de la Independencia Nacional, Duarte se entera en Saint Thomas de que el general Pedro Santana había ordenado el fusilamiento de María Trinidad Sánchez y Andrés Sánchez, tía y hermano del mártir de San Juan, general Francisco del Rosario Sánchez.
La casa paterna de Duarte tuvo que ser vendida por 800 pesos, según expresa el distinguido historiador Orlando Inoa en su interesante biografía de Juan Pablo Duarte.
El 3 de marzo de 1844, la madre de Duarte, doña Manuela Diez, fue enviada a buscar por el secretario de Interior y Policía, Manuel Cabral Bernal, el cual le entrega una comunicación que al final dice: “Por tal razón, se le entregó pasaportes para que, a mayor brevedad, abandone el país con todos los miembros de su familia”.
Ante esta acción de Santana, el cura José Antonio Bonilla y el ciudadano Francisco Pou, solicitaron clemencia para la madre y demás familiares de Duarte, la cual fue rechazada por Tomás Bobadilla, quien dijo que las hermanas de Duarte fabricaron balas para la Independencia Nacional.
El 19 de marzo, la madre y el resto de su familia, salieron expulsados del país. El 10 de marzo de 1845, la familia se deshace de todos los bienes, vendiendo hasta la casa heredada de su padre, y se embarcaron llegando al puerto de La Guaira, en Venezuela.
El 6 de abril de 1845, Duarte abrazó a su idolatrada madre y demás familiares.
Emocionado, les dijo: “Perdonadme el haberlos privado de la felicidad que gozaban para sumergirles en un mar de lágrimas”.
Al reunirse la familia Duarte en Caracas, el gran Juan Isidro Pérez le escribe una carta, el día de Navidad de 1845, mostrándole preocupación. Duarte comienza a vender velas, velones y otros artículos. Estableció a su madre y hermanos en Caracas, abandonó la ciudad, y se fue a vivir al interior de la selva, falleciendo a las 3 de la madrugada el 15 de julio de 1876, siendo sepultado en Caracas.
Un gran amigo de Duarte, Marcos A. Guzmán, prestó dinero para su enfermedad. Todas las ayudas que ofrecieron, entre otras la del Gobierno del presidente Ulises Espaillat, fueron en vano. Tampoco pudieron pagar los gastos de su entierro. Duarte sufrió una larga enfermedad, y la noticia sobre su muerte llegó a la República Dominicana una semana después.
El general Luperón dijo entonces que Duarte vivía miserablemente en Caracas, y que sufrió de todo. ¡Vivan los héroes y mártires del 24 de abril de 1960!

