El Papa, quien ha pedido que recen por él, ha tenido que librar una sorda batalla frente a cardenales y sectores conservadores que no comparten sus gestos en favor de las minorías y los cambios que protagoniza en la Iglesia. El sínodo sobre la familia ha evidenciado el pulso entre el Pontífice y los grupos que se resisten a la apertura que promueve.
En muchas ocasiones, Francisco ha expresado su respeto por los divorciados, las madres solteras y los homosexuales. Lo ha justificado con el señalamiento de que la Iglesia se traicionaría a sí misma si cerrara sus puertas a quien llama para pedir ayuda y apoyo.
Sin embargo, ese no es el criterio de grupos conservadores, algunos de los cuales han advertido que se opondrán a los cambios en tal sentido que promueve el Pontífice. Por ahora, a pesar de las fuertes divergencias, el Papa, que ha estado en todas las sesiones y tomado nota de las propuestas, no se ha dejado intimidar y ha mantenido firme su posición. Demostrado está.

