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El Pequeño Haití: una rara mezcla de pestes y flores 

El Pequeño Haití: una rara mezcla de pestes y flores 

Heces fecales corriendo por contenes, malos olores, puestos de ventas de comidas que usan como mesas las aceras, equipos electrónicos, ropas usadas, entre otros artículos se

conjugan con los hermosos colores de las flores que también se expenden en el Pequeño

Haití.

A pesar de la propaganda hecha por las autoridades para que las personas no consuman

alimentos elaborados en las calles, la práctica continúa en el lugar sin que se piense que

la amenaza del cólera los asecha, en este y otros lugares.

Aquí, donde se fusionan los rasgos de dos culturas, dos pueblos, las personas  sólo piensan en que tienen que mantener a sus familias sin importar si pierden o no su salud, o si ponen en riesgo su integridad física por la delincuencia que afecta la zona.

Sin embargo, muchos se quejan del mal olor en algunas de sus calles fruto las heces

fecales que según algunos transeúntes emanan de hoteles y pensiones que se encuentran en la zona y que hace más de diez años vierten las aguas negras en los contenes.

Pidieron a las autoridades realizar acciones definitivas para que las

aguas negras dejen de correr por los calles como  cual transeúnte que camina apurado y que se detiene por el cumulo de basura a ver alguna de las mercancías que se ofrece al público en la zona.

Elías Samuel, uno de los buhoneros del Pequeño Haití, defendió las acciones de las

autoridades de Salud Pública que comenzó a clausurar pensiones porque no reunían las

condiciones para alojar a viajeros o personas que buscan un lugar para pasar la noche.

“Estoy de acuerdo con que cierren las pensiones que no reúnen las condiciones, estas

en muchos casos sirven de alojamiento a delincuentes que intranquilizan la zona”,

argumentó.

De su lado, el señor Francisco Ramos, administrador de la pensión “Julia” dijo estar de

acuerdo con que clausuren los negocios que no reúnen las condiciones, pero entiende que antes de proceder a su cierre, las autoridades deben notificarles las faltas que tienen para que

las solucionen y puedan seguir operando.

Los buhoneros que operan en las calles de dicho mercado informal no se oponen a retirarse del lugar siempre y cuando los ubiquen en la Plaza del Pequeño Haití, declaró el vocero de estos, Ezequiel Soriano.

Explicó que hace cinco años el Ayuntamiento del Distrito Nacional dejó de cobrarles los

impuestos con la finalidad de retirarlos del lugar.

El ambiente que se vive ente sector enclavado en el populoso sector de San Carlos de esta capital, donde pernotan niños, jóvenes, adultos y ancianos que se dedican a la venta de comidas se confunde con las hermosas rosas, claveles y margaritas que son vendidos en el lugar a bajos precios en la calle Imbert.   

Desde varias décadas atrás, cientos de dominicanos acuden al lugar en busca de las flores con vistosos colores para celebrar algún evento social o familiar de importancia, declara Porfirio, uno de los primeros vendedores de la zona.

Acciones de las autoridades

El pasado jueves las autoridades del Ministerio de Salud Pública clausuraron ocho pensiones en el lugar como medida de prevención del cólera, enfermedad que azota a Haití y otras enfermedades.

Mientras que ayer viernes representantes del mencionado ministerio y del Ayuntamiento del Distrito Nacional se disponían a seguir tomando medidas en la zona para elevar la salubridad  y permitir el tránsito de personas por las aceras, acciones encarecidamente necesarias en el lugar.

Sin embargo, en el Pequeño Haití se necesita más que acciones preventivas, operativos permanentes para sanearlo, tanto de la delincuencia, un mal que afecta a todo el país, como de la inmundicia en que se desarrolla ese sector.

Con cólera o sin cólera “El Pequeño Haití” necesita de las autoridades.

El Nacional

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