El presidente del Partido Revolucionario Dominicano, Miguel Vargas Maldonado, aseguró recientemente que esa organización aumentará su representación congresual y municipal en las elecciones de medio término a celebrarse el 16 de mayo.
En el marco de la confusión y desorientación política que muestra la población dominicana no se descarta nada. Máxime si la administración del doctor Leonel Fernández muestra cada día mayor incapacidad para dar solución a los problemas sociales y económicos.
Pero algunos alegan que Leonel está solo en el escenario político y que hace falta otro gran líder. Es cierto: Miguel Vargas no puede calzarse las botas de Peña Gómez y Juan Bosch y su perfil de empresario conservador constituye un contraste con el historial de centro izquierda que registra la historia del partido blanco.
Este último aspecto podría ser el más significativo. El PRD se ha colocado a la derecha del gobierno en todas las leyes discutidas en el Congreso Nacional y esa misma postura exhibe en los enfoques de todos los problemas nacionales, pese a que los sectores conservadores han adherido de forma coherente su apoyo a Fernández. Insistir por ese espacio es perder tiempo y sectores liberales que antes fueron afines.
Posiblemente Miguel Vargas, un político a medio tiempo, no pierde de vista esa realidad, pero actúa como si le temiera a algo o tiene compromisos con el gobierno que le impiden levantar la voz. Algo está ocurriendo, porque no se justifica que un partido que ha perdido tres elecciones consecutivas muestre tanta pasividad.
No hay que ser visionario político alguno para entender que el rol de una organización que está fuera del poder es hacer oposición. Los problemas del país son bastantes graves, pero si quien está supuesto a denunciarlo guarda silencio, numéricamente no puede crecer y de hacerlo no sería en la medida necesaria.

