Si con una deuda externa que ya supera los 16 mil millones de dólares, la mayoría de los cuales concertados en los últimos 5 años, el Gobierno tiene aún ese recurso como instrumento para afrontar los embates de la crisis internacional, desde ya se puede proclamar: el que venga atrás que arree. Con una sociedad anestesiada de tal modo que hasta ha olvidado las prédicas y actitudes del peledeísmo contra el crédito extranjero, era demasiado no justificar esa política a través de algún sofisma.
Se ha alegado que en el marco de la crisis global la política que han seguido los países es la del endeudamiento para tratar activar la demanda interna. Para una explicación tan superficial lo mejor era guardar silencio. En primer lugar cuáles son esos países, y, en segundo, de seguro que los que lo han hecho no tienen los compromisos externos ni internos de República Dominicana.
Al motivar la conveniencia de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el economista Bernardo Vega, a quien no se puede atribuir la menor pizca de opositor, explicó que en 2008 la deuda interna se cuadruplicó por el desastre económico de la campaña electoral y los préstamos internos que se hicieron, en tanto que en este 2009 las dificultades financieras han continuado en aumento.
Estremece el análisis que hace el ex gobernador del Banco Central sobre el comportamiento de la deuda y más tratándose de un partido que la satanizó como la peor desgracia para una economía. Vega expone que en 2006 el crédito interno era de apenas 1,111 millardos de pesos, disminuyendo a 1,002 en 2007. Pero en 2008 se elevó a 3,998 millardos, debido, según él, a los gastos vinculados a la reelección del presidente Leonel Fernández, y a la imposibilidad de obtener recursos externos a causa de la recesión mundial. Con todo y que ya había alcanzado niveles alarmantes en abril de este año la deuda rondaba la friolera de 4,193 millardos.
Algunos empréstitos aprobados estos días, como el de los 75 millones del Deutsche Bank para el acueducto Higüey-Bávaro pudieran refutar la afirmación de Santana, pero la realidad es que el contrato no fue sometido ahora. Además de que el Senado sabe que también debe guardar las apariencias sobre el festival que ha protagonizado.
Pese a la caída de las exportaciones, la baja que amenaza el turismo, más ahora con la profusión de la gripe A, la caída de las remesas y otros factores negativos que gravitan sobre la economía inquieta que el Gobierno se empecine en más endeudamiento hasta para enfrentar problemas presupuestarios. Y que descarte, al menos por el momento, un acuerdo con el FMI bajo el alegato de que el panorama internacional ha comenzado a despejarse. Con la amarga experiencia que ha tenido la banca en Estados Unidos y otras naciones las ofertas de crédito que se han citado son para ser recibidas con escepticismo.
Pero hipotecar el futuro a través del endeudamiento no es el camino para afrontar una realidad que, por demás, no ha sido provocada única y exclusivamente por factores externos. No todo puede ser coger prestado.

