Opinión

El síndrome del PRD

El síndrome del PRD

El panorama político dominicano se torna interesante, especialmente ahora que se anuncia que Hipólito Mejía organizará sus fuerzas para aspirar nuevamente a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Pero además, por el pacto entre el Presidente Fernández y la parte del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) que lo apoya.

La decisión de Mejía de enfrentarse a las aspiraciones de Miguel Vargas Maldonado será  un nuevo motivo para agudizar las contradicciones al interior del PRD. Es evidente que, de ahora en adelante, Vargas Maldonado tendría que hilar fino para hacer frente a un contendiente que sabe  artimañas, pero  además tiene suficientes recursos económicos para echar una pelea por los votos de los perredeistas.

Hay que estar conscientes de que los recursos económicos son un factor determinante en cada campaña. También hay que estar claros en que un eventual enfrentamiento Mejía-Vargas Maldonado debilitaría la potencialidad del PRD, con lo cual saldría ganancioso el gobiernista Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Hay que sumarle a esto los aprestos gubernamentales para atraerse  lo que queda del PRSC, que de ese modo se verá obligado a apoyarle en la Reforma Constitucional, en las elecciones congresuales y municipales del año que viene y, por qué dudarlo, en las presidenciales de 2016, cuando Fernández podría volver como candidato. Hay que recordar que el reciente pacto entre Fernández y Vargas Maldonado impide al gobernante presentarse como candidato en las elecciones del 2012. No se vislumbra todavía a quién apoyará el Presidente para que lo sustituya.

Las aspiraciones de Hipólito Mejía para “volver al carguito”, muestran  que le gusta ejercer el poder, pues sólo a alguien con esas inquietudes se le ocurre tratar de gobernar de nuevo, a pesar de su humillante derrota y de que modificó a rajatabla la Constitución para  reelegirse, en violación a los principios del PRD, trazados por su  líder José Francisco Peña Gómez.

Es evidente que, en el accionar los últimos meses, el presidente Fernández ha aplicado la inteligencia para formalizar pactos con adversarios,  con el propósito de que su proyecto personal de modificar la Constitución sea aprobado con apoyo mayoritario, aunque sus socios tengan que quebrantar principios que deberían ser  inquebrantables.

Sin embargo, como  estamos curados de espanto, a nadie sorprenden esas maniobras, cada día más alejadas de los  problemas que acogotan a los dominicanos.

Todo  indica que ante la ausencia de un real liderazgo dentro del PRD, como fue el de Juan Bosch y Peña Gómez, en esa organización predomina el Síndrome de la División desde hace mucho tiempo: se dividió cuando gobernó Antonio Guzmán, con Jorge Blanco como opositor a su propio partido; se dividió con Jacobo Majluta, que  formó otra parcela política; se dividió cuando Hatuey De Camps formó tienda aparte; y ahora amenaza con lo mismo con el casi seguro enfrentamiento Mejía –Vargas Maldonado. La desventaja es que ahora no hay un “apaga fuegos” como Peña Gómez, que siempre tuvo salidas geniales para impedir que el PRD colapsara.

Solo el tiempo tendrá la última palabra.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación