Era un tren grande. De cien vagones. En principio estaba casi vacío, con apenas un dos por ciento. El conductor, un experimentado maestro, conocedor de la ruta del éxito, invitó a todos sus compañeros de partido a una travesía que parecía imposible, por el dos por ciento, el nunca jamás y otros obstáculos.
Un grupo de intrépidos decidió acompañar al viejo dirigente en la empresa de volver a ganar la simpatía de su partido para desde esa plataforma retomar el poder perdido.
El primer vagón no se llenó. Sobró espacio. Mucho espacio. Pero la situación fue superada.
Aquel viejo zorro de la política, restablecido jurídicamente, fue tomando cada vez más fuerza. En cada estación lo esperaba cada vez más gente.
Rápidamente el primer vagón se llenó. Más tarde el segundo y el tercero. El crecimiento fue espectacular. Muchos de adentro y de afuera se quedaron perplejos al ver el fenómeno. Un muerto político se levantaba de su tumba años después de haber sido enterrado. El dos por ciento se convirtió en el diez por ciento, luego en el veinte, el 30, el 40 y ahora supera el 60.
En cada estación, centenares de compañeros y compañeras de su partido lo esperan con avidez para escuchar sus palabras de fe y esperanza.
Las puertas del tren de la victoria están abiertas para todos porque todos son importantes para llegar a la meta. No hay exclusiones. Es el tren de la unidad. El líder los espera con una sonrisa, un apretón de manos o un abrazo fraterno. No anida odio ni rencor contra ningún compañero. Borrón y cuenta nueva para todos los que entren al tren de la fe y la esperanza.
El viejo y experimentado conductor de masas espera completar la primera etapa de su ruta después de marzo del año entrante, cuando habrá ganado la convención y unificado al partido llenando los cien vagones de su tren de unidad y victoria.
Hipólito Mejía, con el tren lleno de pasajeros del PRD, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, tomará la ruta que lo conducirá al Palacio Nacional el 16 de agosto del año 2012.

