A Roberto Furcal escuché con la frase llena de inteligencia: el último vuelo del pasado. Tanto me impactó su contenido que no tengo dudas la capacidad de describir con certeza el proceso de transición y cambio dentro del PRD.
Lo que se discute en las filas del partido blanco tiene como elemento marginal contabilizar los votos para determinar la generación que llega a tomar control del partido. En el trayecto, la resistencia radica en no abandonar espacios conseguidos con muchas horas de trabajo y servicio a la causa, pero imposibles de retener mediante mecanismos democráticos.
Nadie pone en tela de juicio los flujos de legitimidad de la candidatura de Vargas Maldonado a la presidencia del PRD. Y frente a la imposibilidad de contener su victoria, pretenden trasladar a la secretaría general todo un tinglado de fuerzas, odios acumulados y coincidencias con fuerzas opositoras que están intranquilas por la llegada de un segundo ejecutivo partidario no apto para el status quo.
Ahora, la marrullería pretende concentrarse en el cargo de secretario general del PRD y como los números marcan un distante nivel de preferencias se utiliza la técnica de conseguir por malas artes las metas. Y el variopinto de intereses es capaz de conquistar ámbitos de la proximidad de dirigentes esenciales para hacer del murmullo pérfido el sello distintivo de los derrotados por el avance y crecimiento de los preferidos por las bases.
Afortunadamente, el receptor esencial de los comentarios indignos conoce perfectamente los litorales amistosos que, en un ejercicio de conveniencia táctica colaboran hoy, pretendiendo que se olvide las horas de competencia interna donde los viajes a Madrid tenían de interés esencial hacer de Marbella el paredón de fusilamiento de una candidatura emergente.
Además, los vientos que pretenden levantar opciones sin posibilidades poseen el pecado original de fuentes de financiamiento que celebraron la derrota del candidato y fueron retribuidos con reintegros reveladores de cómo la militancia aviesa termina en ejercicio sedicioso.
Disfruto sus retorcimientos. Aún de los que no poseen el carácter y la gallardía de señalar de frente las impugnaciones que tienen de trasfondo el saber lo que yo sé de sus miserias y cobros en momentos que anhelaron subirse al tren del oficialismo. Teorizan sobre mis inconvenientes y hasta deleitan auditorios exhibiendo la no factibilidad en legaciones extranjeras. Esos sí, el rito argumental esconde derrotas en el terreno de lo privado, porque en la política como en el amor, se necesitan atributos que el dinero no puede comprar.
Apuesto a que la competencia sea el escenario donde el talento sustituya la perversidad. En lo que llega ese anhelado estadio, debemos seguir construyendo una mayoría que nos conduzca al futuro, sin importar el madrinazgo de ciudadanas que, el paso atrás ocupe espacios en su discurso, pero ni una pulgada de su práctica.
En lo que llega, veo sus alas cansadas, se que está volando sin la fuerza de antes. Definitivamente, es el último vuelo del pasado.

