Opinión

El valor de mi voto

El valor de mi voto

El valor de mi voto podría ser similar al del voto suyo, quizás un poco más o un poco menos, eso depende de usted y de mí, pero la realidad es que algún valor tiene para los partidos políticos y el sistema democrático, porque todos lo persiguen como a quinceañera soltera.

Sin embargo, nadie que no sea usted puede poner precio a su voto, sobre todo si es usted un demócrata convencido, un ciudadano responsable que cree en el derecho de participar en las elecciones. El precio de su voto nunca debe ser mercurial.

Es deseable que la decisión adoptada por cada votante surja de un proceso de análisis en el que la racionalidad prevalezca claramente sobre los impulsos emocionales.

El voto es parte del ejercicio de la responsabilidad ciudadana. La persona que se dispone a sufragar, no debe dejar de atender los rasgos personales de los candidatos, que pueden llegar a tener  decisiva importancia en lo que atañe a la defensa de los valores de orden moral que el ejercicio de la función pública suele poner a prueba.

Es importante tomar en consideración los méritos o desméritos que los candidatos hayan puesto de manifiesto en las tareas de gobierno que les tocó desempeñar en el pasado o que desempeñan actualmente.

Decidí no ir a votar, aunque admito que  no me sentiré cómodo, tomando en cuenta el sudor y la sangre que costó a este pueblo el derecho de elegir con libertad a sus autoridades, para ahora desentenderse de la democracia.

Podría votar al partido que menos se aleje de sus perspectivas, pero seria votar  por inercia. Podría votar en blanco, pero no contaría.

 

Mi voto no lo vendo. Lo cambiaría por una propuesta de nación, por senadores transparentes y sin barrilitos, por diputados honestos, alcaldes que digan la verdad y  rindan cuentas, regidores que rechacen los sobornos y vicealcaldes que denuncien la corrupción.

A ese precio oferto mi voto, pero de antemano sé que es  caro, y  quizás ninguno esté dispuesto a pagarlo. Por eso, aprovecharé el asueto para disfrutar del pedacito de playa que aún nos queda cerca de Boca Chica.

El Nacional

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