Este ni se lo cobro, don Pepín, mire que este no es un bulevar ni un artículo, ni una glosa ni tampoco un comentario, no. (A Camino que guarde esos chelitos para otro mes). El de hoy es un panfleto, directo como un sol sin palmeras; fuerte como dolor de ausencia, amargo como el ricino de nuestra infancia.
Y que lo sepan todos.
Sépanlo señor gobierno, funcionarios competentes y sobre todo incompetentes; que lo sepan los políticos de una oposición más torpe que un enamorado adolescente, y una partidocracia más indolente que un cínico en tertulia.
Que lo sepan de una vez, legisladores ateos, alcaldes con caspa, diputados sin Dios, millonarios sin memoria, presidentes frugales, senadores con muchas leyes y poca razón.
Eso, eso. Que lo sepan todos, desde el barbero despistado a las mulatas de espanto, las rubias que enternecen, ah, París, muchacha de boina gris, las trigueñas que duelen, las ausencias que pesan.
Que lo sepan la Policía Nacional y sus patrullas de a pie o motorizadas sin placas, asaltantes de tontos pagaimpuestos asaltados cada día en sus carritos clasemedia en Los Próceres, Colombia, Luperón, en donde quiera.
Y que lo sepa el gobierno y el PLD en nuevo striptease de locos, el PRD tan suicidado, las embajadas fusionadoras de Estados fallidos, con su sociedad civil bien financiada y sus medios tan queridos; que se enteren las 10 familias de siempre, más las seis recién llegadas.
Entérense, muy señores míos, de que vivimos en un país donde sale demasiado caro ser honesto porque, ay, todos los caminos conducen e incitan no al santo fornicio que es un mandato de Dios y la María, sino a la delincuencia.
Entérense de que mientras la democracia y sus valores, la Constitución, las leyes y los discursitos no sirvan para que las grandes mayorías de los dominicanos y sus familias vivan mejor, más felices y tranquilos: más temprano que tarde esas grandes mayorías comenzarán a desconfiar de la democracia Y están desconfiando.
La ovación recibida por Rafael Leónidas Trujillo Molina (a través de su representante artístico más exitoso y celebrado) de parte de prácticamente todos los presentes en la augusta y magna sala principal del Teatro Nacional la noche de Los Soberanos fue solo un síntoma, una evidencia de su presencia decisiva… como la de los amores contrariados e impertinentes que vienen y van, van y vienen, pero nunca se marchan porque matan, según Sor Joaquín, El Sabina.
El trujillismo está aquí para quedarse, y casi todos los dominicanos somos culpables por ignorancia, por irresponsabilidad, por cinismo o hipocresía.
El problema no es que ¡vive o muere Trujillo!, el problema es la tanta vida que con nuestras acciones y comportamientos le damos.
Tranquilo, Don Pepín, que esto no es un bulevar, es sólo una catarsis, un desahogo. Guarde estos chelitos, don Camino, que este bulevar no se lo cobro. Con permiso.

