Al momento de escribir este artículo en Estados Unidos aún no han empezado a contar los votos en sus elecciones. Con 93 millones de votos enviados por correo para este año, a modo de referencia en el 2016 136.5 millones votaron en total, sólo 33 de esos millones fueron por correo, es probable que no tengamos un ganador definido en la noche del martes.
La votación pudiera poner fin a uno de los ciclos electorales más polarizantes en la historia de los Estados Unidos. En una escena inaudita, los centros de algunas ciudades americanas amanecerán con los cristales cubiertos con tablas, los organismos de seguridad en alta alerta y una población tensa preparada para potenciales actos de violencia en la medida que se despeje el polvo del conteo.
La responsabilidad de la situación actual de los Estados Unidos recae primordialmente en los hombros del Presidente Donald Trump, quien se ha encargado de proyectar dudas sobre el proceso electoral, obstaculizar el voto por correo, aplaudir las acciones violentas de sus seguidores contra sus adversarios y movilizar una “vigilancia del voto” con clara intención de intimidar a votantes.
Si los resultados de las elecciones de ayer no son lo suficientemente decisivos desde temprano en el conteo, es posible que Trump decida cuestionar todo el proceso y trate de obstaculizar el conteo de votos en los tribunales, complicando aún más la situación ya tensa en el proceso electoral y en lo social en Estados Unidos, cosechando la polarización que ha venido cultivando durante sus casi 4 años de mandato.
Este tipo de situaciones suelen estar reservadas para los procesos electorales en repúblicas bananeras, pero hasta la nuestra, la humilde democracia dominicana, está mostrando más madurez que la democracia moderna más antigua y, hasta esta elección, más madura del planeta. No creo que sea posible remarcar con más urgencia lo que esto significa para el resto del mundo y las posibles terribles consecuencias del presente estado de las cosas.
Si bien Estados Unidos tiene suficiente poderío militar para extender su influencia alrededor del globo, el uso de su poder suave y la exportación de sus principios siempre fue su arma más eficiente en establecer un impacto duradero en el mundo en su propio provecho. Ese poder suave hoy en día, gracias a 4 años de esta administración, estas elecciones y lo que pudiera venir después, luce irreparablemente perdido.
Hoy, yo, al que mi papá siempre llamó el pitiyanqui, pro-imperialista y reaccionario de la familia, siento pena por una nación a la cual por tanto tiempo siempre admiré. Al momento de escribir este artículo desconozco el resultado de las elecciones, y honestamente le deseo mejor al pueblo americano indistintamente de quien resulte ganador, pero no puedo evitar que hoy, viendo a Estados Unidos canibalizarse a si mismo en un proceso electoral como si fuera un país tercermundista, sienta que un referente fundamental de la vida que he conocido se ha desmoronado.
Por: Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com

