El alcalde Fausto Ruiz, de La Vega, tiene garantizada su reelección. Igual, los de Bonao, Jarabacoa, San Pedro de Macorís y Puerto Plata. En todo el país se habla bien de ellos. La eficiencia y honradez pagan, y pagan muy bien. Así como el peculado y la incompetencia reciben, tarde o temprano, la reprobación y condena pública.
Ha hecho muy bien Miguel Vargas, presidente del PRD, al desaprobar una nueva postulación del diputado Julio Romero, gravemente objetada por la opinión pública. También ha dado lo que se llama un palo inscribiendo la candidatura a diputada de la profesora María Teresa Cabrera. Como el plátano, la integridad y la eficiencia no tienen ideología.
Es oportuno resaltar a los funcionarios encomiables, al margen de los partidos que representan. Uno escucha decir con frecuencia que las malas noticias corren más rápido que las buenas. Pero debemos agregar, con optimismo, que los buenos ejemplos suelen ser escasos, pero son tan satisfactorios como recompensados.
Los empleados públicos electos previamente mencionados, son ya parte de nuestro patrimonio municipal, si cabe el término. Poco importa el partido que los postule.
No es ocioso preguntarse ¿por qué los partidos no se esfuerzan en postular candidatos idóneos, que garanticen mayor cuota de poder? ¿Por qué no verse en ese espejo más a menudo? Insistir, casi en forma recalcitrante, en presentar al mercado electoral a figuras seriamente cuestionadas siempre ha sido costoso para el partido y para la nación. Podrán comprar los votos o manipular la preferencia de los ciudadanos. Pero no escapan al juicio soberano de un pueblo que pasa balance y cobra muy caro, más temprano que nunca. Apostar al engaño y a la manipulación, nunca ha sido un buen negocio. Por lo menos a largo plazo.
