El Partido Revolucionario Dominicano obtuvo un 49% en la segunda ronda electoral de los comicios de 1996 y las encuestas lo daban de ganador en la contienda de medio término de 1998, contra el PLD (que se hallaba en el poder) y el Partido Reformista, que acudían al evento separadamente.
Pero su triunfo superó las expectativas y la razón hay que buscarla en la muerte del doctor Peña Gómez. El fallecimiento del líder, seis días antes del torneo, provocó una expresión de dolor en la sociedad que favoreció a los candidatos del partido blanco.
Johnny Ventura ganó a Roberto Salcedo la sindicatura del Distrito por amplio margen. Y Milagros Ortiz Bosch, con un 62%, dio un nocaut fulminante a Franklin Almeyda. El PRD ganó un total de 24 senadurías, apenas acabando de sepultar a su máximo líder.
Todos pensamos que la muerte de Hugo Chávez provocaría un fenómeno similar en las elecciones venezolanas, celebradas el domingo 14. Y que Nicolás Maduro, candidato del PSUV, ganaría por amplio margen al derechista Henrique Capriles. No ocurrió así. Hay sorpresa en el ámbito mundial, porque la diferencia apenas fue de algo más de un punto.
¿A qué obedecen esos resultados electorales? Parece ser, entrando en especulación, que un segmento del electorado venezolano percibió intención de sacar excesivo provecho político a la figura de Chávez, lo que pudo revertirse en contra del oficialismo.
No faltan los que atribuyen, además, falta de carisma a Nicolás Maduro, que no tiene el ángel de Chávez. Otros acusan a Maduro de ser inculto, lo que cae en la exageración, pues si bien no es un intelectual, se trata de un hombre fogueado en el sindicalismo, en la izquierda marxista y finalmente alcanza experiencia de Estado.
Por encima de los indicadores antes señalados, pienso que Nicolás cometió errores. Mostró prejuicios hacia los homosexuales y ofertó mano dura. De hecho es más radical que Chávez, el cual fue tolerante con sus adversarios políticos. Con Nicolás, parece que hubo temor.

