Opinión

Emeterio Rondon

Emeterio Rondon

Juan Pablo Duarte, padre de la Patria.

El Día  de Duarte

El 26 de enero, se cumplió un año más del nacimiento del siempre distinguido y honorable padre de la patria, Juan Pablo Duarte y Diez. En versos de Manuel del Cabral podemos leer algo más o menos así: “Hay muertos que van subiendo mientras más su tumba baja …”. Y es así mismo con Juan Pablo Duarte, pues cada vez aparece más agigantada su figura adjunto de todos sus esfuerzos para que hoy tuviéramos una patria más vigorosa, respetada, libre y altiva. Honor sin limite para esta figura que con sus ideales y su práctica dejó a la posteridad el compromiso más urgente y preciado que debe asumir tanto un hombre como una de una mujer: la defensa por el suelo patrio.

 
Hoy estamos, quiérase o no, frente a un sentimiento colectivo de nostalgia, nostalgia al contemplar la negación absoluta de los ideales del patricio. Basta observar, como ejemplo, solo dos situaciones que poseen marcado carácter de aberrante, burlesco, ruin y grosero, y que tienen abochornada y desconcertada la conciencia ética a la ciudadanía:

 
1) Ver en muchas autoridades un comportamiento leonino, que escudándose detrás de un partido (y a veces obviando la existencia de esa estructura) usufructúan el poder en forma desmedida, se enriquecen en medio de la pobreza y la calamidad ciudadana, entran en complicidad con el delito, y por esa misma vía se agencian la impunidad.
Duarte necesita un desagravio

 
El otro horrorífico ejemplo de negación y de traición a Duarte, y que es quizá el peor dentro de los peores, es el haberle entregado el país a los haitianos, mantener abiertas las áreas fronterizas para que completen la obra con la que han soñado siempre. Esta acción más que insufrible deja de ser una traición para convertirse en una venganza contra Duarte, ya que fue precisamente de los haitianos que él nos liberó, y que desde entonces han seguido soñando con esta propiedad.

 
Los gobiernos y las clases políticas que hemos tenido hasta el presente, así como buena parte de la sociedad civil, con su actitud de militante entrega de nuestro territorio y bienes a los haitianos, no solo han traicionado a Duarte, sino que han tomado venganza contra él, o lo que es igual, han crucificado al justo, y soltado a Barrabás. Y todo por habernos liberado de la invasión haitiana, dándonos un legado el sentimiento de patria digna, libre e independiente de quien quiera invadirnos pacíficamente o con las armas.

 
Hagamos, pues un acto de desagravio a Duarte, y un ejercicio de limpieza purificadora de lo que hasta ahora ha sido (o entendido) como muesrtra de conencia patriótica.

El Nacional

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