La Nochebuena, cuando se espera el nacimiento de Jesús, que el monje Dionisio el Exiguo calculó que se produjo el 25 de diciembre del año 753 después de la fundación de Roma, es también un tributo a la familia, encarnada en la virgen María, José y el hijo primogénito, como lo narraron los evangelistas Lucas y Mateo.
Aunque dicen que Dionisio extravió la fecha del divino alumbramiento, que habría sido entre cinco a siete años después, el mundo cristiano acogió la noche del 24 al 25 como el de la gran efeméride, a partir del cual se cuentan los días, meses, años y siglos.
La imagen de María con Jesús en su regazo y a su lado José, su abnegado esposo, en el humilde pesebre de la ciudad de Belén, representa a la familia con sus más excelsos valores, como el amor, humildad, sacrificio y comprensión.
El Niño Jesús nació del vientre de una madre, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, para que su calvario, sangre y muerte sirviera para redimir el pecado, pero es también un tributo del Altísimo a la familia, sin la cual la humanidad no sobreviviría.
Es por eso que los mayores deseos van dirigidos a que la familia dominicana celebre hoy la Nochebuena en la más fervorosa unión, de forma tal que los hijos reflejen a María en el rostro de la madre y los hermanos despejen de su alma y espíritu la maldición de Caín y Abel.
Sin pretender convocar al conformismo se ruega hoy para que padres e hijos conmemoren el nacimiento del hijo de Dios en paz y armonía, aun sea en situación de pesebre, porque la injusticia ni el pesimismo deberían taladrar los corazones de los descendientes de Abraham.
Moderación y comedimiento deben moldear hoy y siempre el comportamiento del buen ciudadano, en el entendido de que cada quien está ungido por la gracia de Dios y convocado a celebrar el nacimiento de su hijo único, ungido junto al Espíritu Santo en una misma divinidad.
El Nacional aprovecha la ocasión para desear al pueblo dominicano, en especial a sus lectores, colaboradores y anunciantes, unas muy felices fiestas en ferviente ruego de que la efeméride de Nochebuena y Navidad sirvan de tributo a la institución más venerable de la civilización humana: La familia.

