No te diré adios, sino hasta luego
en la hora crucial de tu partida,
y solo elevo a Dios un dulce ruego
por el bien que esparciste en esta vida.
Transitaste un camino tortuoso
sin denuedo luchando contra el mal,
y enseñando con tu ánimo fogoso,
la impoluta verdad como un cristal.
Y al tú dejar tu lucha como herencia,
enseñas que fuiste hombre de conciencia
y de actitud cabal, discreta y ancha,
y añadiré, en la hora inicial de tu partida,
que Freddy Beras Goyco fue en la vida
un triunfador Don Quijote de la Mancha.
Ramón Lorenzo Perelló

