Narciso Isa Conde
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Hay que entenderlo así: el sistema de partidos y las instituciones cambiaron para peor: el uni-partidismo peledeísta se las tragó.
Los cañones políticos hay que enfilarlos fundamentalmente contra ese Estado y esas instituciones amalgamadas con una lumpen-burguesía local y transnacional, y nuevas mafias; sin abrirle cancha a las facciones del PRD, las cuales quisieran poder hacer lo que está haciendo el PLD.
El devenir de la crisis exige sembrar dos ideas trascendentes:
1) Las dictaduras se derrotan en las calles, forjando contrapoder, desarrollando contra-hegemonía cultural, creando poder autónomo del Estado y la clase dominante.
2) Al compás de negar esta dictadura morada y corrompida, y plantear el reemplazo de la conservadora Constitución del 2010, hay que convertir la propuesta de Constituyente Popular y Soberana y la recuperación del patrimonio nacional privatizado, en conciencia colectiva, programa y torrente transformador alternativo.
Es preciso comprender que este sistema no cae por si solo. Que hay que desmontarlo desde las calles, comenzando por derrotar esta dictadura peledeísta; lo que requiere una propuesta política sencilla, portadora de una nueva institucionalidad y un nuevo orden jurídico-político, social económico y cultural alternativo a esta dictadura, la dependencia y los pilares del neoliberalismo.
Está históricamente comprobado que en medio de las grandes crisis, cuando el sistema carece modelo de relevo y de posibilidad de reciclaje económico, estas propuestas son necesarias para impedir que una eventual ingobernabilidad sea fácilmente conjurada; o que fatalmente se prolongue la existencia del deteriorado capitalismo neoliberal en caos creciente (como pasa en no pocos países del mundo).
El hecho de que el PRD esté como está no quiere decir que necesariamente la dictadura morada vaya a fortalecerse. Las tendencias fundamentales que se observan van en dirección a su progresivo debilitamiento.
De ahí el repunte de las protestas sociales, el abrazo danilista con la impunidad y el leonelismo, el fracaso de su intento de diferenciación, su desfonde económico y el auge del neofascismo a su interior.
Es bueno que lo que queda del PRSC esté jodido y asimilado por el PLD. Es bueno que el PRD esté en franca y parecida decadencia, lo que posibilita atraer y radicalizar sus bases desorientadas y traicionadas. Es bueno que esas fuerzas ya no puedan ser relevo de la dictadura peledeísta.
