Una nueva república…
El sistema político, partidario y electoral está viviendo una fase terminal, que podría llevarnos al derrumbe del Estado…y eliminar las conquistas de la nación en su devenir histórico. Así como los árboles nos impiden ver el bosque, los escándalos de corrupción, nos impiden ver que tenemos más que casos, sistemas, estructuras y cultura de corrupción, propias de un Estado Débil, que además está siendo sacrificado cruelmente dentro de un esquema de estado mercado insular binacional insostenible…Insisto en que el liderazgo nacional, en general, no percibe que el techo de la República está agrietado y sus columnas debilitadas, que en cierta forma vivimos en modo Jet Set, en negación o evasión.
Los efectos perversos de ese desorden organizado y prolongado son diversos: difundir sentimiento de impotencia de que no puede hacerse nada, porque “ todos somos corruptos”; que solo con experiencias espectaculares “de juicio y castigo” se acabará la corrupción; más aún, clamar con rabia por un dictador… o peor, conspirar para que sobrevenga el caos y la violencia…que nos ponga en fuga.
Venimos, en cambio, abogando por una transformación sustantiva y más exigente: solo un poderoso movimiento nacional popular, que reavive el sentimiento patriótico, puede deshacer y superar el esquema degradado de relaciones de poder de una Finca con Pasaporte “de unos pocos dueños y señores”, acabar con la farsa de una democracia con grandes electores en la sombra, para dar paso a una Nueva República, con la transformación del plano profundo y decisivo de los valores, actitudes y creencias de los dominicanos.
No es fácil, ya que millones carecen de ciudadanía plena, de libertad auténtica, de prosperidad compartida basada en el trabajo y la producción, mientras son alienados o embobados por funestas formas de manipulación social y mediática, seducidos por modelos de lucro fácil y consumo suntuoso, atrapados en tupidas redes clientelistas.
Sin embargo, que nadie se engañe, esa Revolución Republicana no vendrá con un poderoso mesías “arréglalo todo”. Sí la debería impulsar un núcleo decisivo, esclarecido, de vanguardia, ejemplaridad, sacrificio, responsabilidad… consistente a la vez que prudente, informado a la vez que arrojado, con inteligencia para conciliar el ideal con la realidad, con comprensión de la historia y la geopolítica.
Esa Revolución Republicana vendrá de la mano de una revolución productiva, de un capitalismo popular, afincada en agenda de libertad, para que mas gente busque crear riquezas reales que concentrar rentas con sesgos extractivos o canallas.
Pero lo mas importante, ese movimiento llamado a superar el actual esquema ruinoso, debe tener fuerte vocación unificadora e integradora, a partir de la conciencia de la excepcional coyuntura histórica que vivimos.
Por: Pelegrín Castillo Semán
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