Justo ahora, Danilo Medina se da cuenta de que la exclusión crea violencia y el hambre es una manifestación de la injusticia. ¿Por qué no había visto algo que nunca fue invisible? Demagogo es, sin duda.
Se trata del mismo dirigente que, siendo secretario de la Presidencia en el período 1996-2000, defendió con vehemencia la privatización y buscó argumentos para justificar los abusos cometidos durante el gobierno de Joaquín Balaguer en empresas como la Corporación Dominicana de Electricidad, CDE, declarando que la no existencia de sindicatos constituía un estímulo para potenciales inversionistas.
Intenta borrar de la memoria colectiva su identificación con la trapacería política y con el clientelismo.
Casi cuatro años han pasado desde el momento en que, con voz quebrada, tras la convención del Partido de la Liberación Dominicana, declaró: Me derrotó el Estado. Pero aún hoy, a pesar de que Leonel Fernández parece decidido a utilizar contra él los mismos recursos que utilizó en mayo de 2007, Danilo Medina no le reprocha el haber ordenado la toma militar de ciudades solo para acallar protestas.
Encubre una parte de los elementos que constituyen el despotismo de su viejo compañero, porque tiene su cuota de responsabilidad en la política de coerción de clase y uso de la brutalidad.
Igualmente, en el Partido Revolucionario Dominicano, las facciones en pugna son encabezadas por dos enemigos del pueblo: Hipólito Mejía, oligarca por condición y elitista por convicción, lo cual no logra ocultar con su hablar chabacano; y Miguel Vargas, beneficiario de la influencia de Manuel Guaroa Liranzo y otros balagueristas; secretario de Obras Públicas en el gobierno de Hipólito Mejía y socio de los socios mayores del PLD.
No es cierto que los partidos que presentan al electorado una oferta de esta naturaleza sustentan la democracia. Han sido el sostén del autoritarismo. Por eso Joaquín Balaguer, tras encabezar doce años de gestiones sanguinarias y selladas por el latrocinio, se convirtió en jefe del sistema de partidos electoreros.
Esos partidos siguen siendo asientos de la clase dominante y tienen la tarea de colocar el sello de legalidad a las acciones dirigidas a profundizar la aplicación del modelo neoliberal.
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la política de salarios deprimidos y el sostenimiento de la exclusión social, manchan al PRD y al PLD.
¿Por qué habría de ser prioridad nacional la reconciliación de los sustentadores de la estafa? ¿Acaso ha perdido sustento algún principio con la destrucción del Partido Reformista Social Cristiano?
En las pugnas entre Danilo, Leonel, Hipólito y Miguel, se discute quién deberá coordinar la acción de los enemigos del pueblo… Ya no les caben disfraces.

