Opinión

Energía eléctrica

Energía eléctrica

Orlando Gomez

Los apagones anunciados la semana pasada como resultado de la salida del sistema de 3 generadoras ponen en relieve parte de los problemas fundamentales que sigue arrastrando el país desde hace casi 15 años luego de la contrarreforma eléctrica. Es inexplicable que un país tan necesitado de generación eléctrica barata, y con una posición geográfica interesante, no sea capaz de atraer más inversión local y extranjera al sector.

República Dominicana, aún después de Punta Catalina, necesita más generación de electricidad si como nación pretendemos ser competitivos. Y esa generación, como evidencia Punta Catalina, no puede seguir viniendo a cuesta del Estado debido a los enormes costos que se incurren en el corto plazo para su instalación.

La realidad es que nuestro país, no obstante la demanda y los precios actuales de generación, no es capaz de atraer inversión al sector lo que se debe primordialmente a la falta de seguridad jurídica, el mar de trabas burocráticas para la instalación de energía, y las barreras de hecho. Para colmo de males, el Pacto Eléctrico en su último borrador no solo no brinda una solución a esos problemas, sino que los empeora.

La República Dominicana tiene el potencial no solo de atender su creciente demanda de energía atrayendo más inversión, sino también de producir lo suficiente como para vender sus excedentes a países y territorios vecinos incluyendo, pero no limitado a, Haití, Puerto Rico y las Antillas Menores, convirtiendo al sector de un consumidor neto de divisas a un productor.

Más aún, nuestro país por su ubicación geográfica, recursos naturales y diversidad climática puede ser un hub de innovación en materia de energías renovables desde la hidráulica, eólica, solar, olamotriz, mareomotriz, etc. y en el desarrollo y producción de baterías para el almacenamiento de energía.

Pero a los fines de que todo lo anterior sea posible es necesario que el sector público que participa dentro del negocio eléctrico comprenda que debe hacerse a un lado y romper con las barreras que tanto este, como el mismo sector privado local, mantienen sobre la industria.

Lo he dicho en múltiples ocasiones, el día que al sector eléctrico dominicano se le despoje de las cadenas que le tienen atado y se abran las compuertas a nuevas inversiones e inversionistas, no solo el “problema eléctrico” que históricamente hemos arrastrado será un problema del pasado, sino que muy probablemente el impulso económico que de ello se derivaría le podría cambiar el rostro al país. Todo es cuestión de voluntad.

El Nacional

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