Y, heme aquí en mi poltrona, sin rencores y sin nada que criticarle a la vida, ya que desde que tengo uso de razón, nada es nuevo bajo el sol, donde todo se recicla, se adapta o muere. Y, esto es así, porque lo común es que existan dos tipos principales de personas, es decir, aquellas que siguen los deseos que otro les impone y aquellos que, por encima de todo, siguen los principios que los llevan hacia sus propios deseos.
De los primeros, podemos decir que, más temprano o más tarde, al final de su vida útil, es el momento en que reconocen que pasaron por esta vida sin conocer si en realidad tuvieron alguna vez su luz propia, ya que, sin duda alguna, como expuso el filósofo alemán Immanuel Kant, pertenecen, como animal al fin, a la única especie animal que necesita de un amo para vivir. Son los que son aprovechados como carne de cañón por los políticos y sus programas clientelistas. Siendo el mejor ejemplo de esto, los propios alemanes, cuando sucumbieron ante la propaganda nazi y las subsecuentes consecuencias.
En este hoy, vivimos ahítos de campañas y propagandas muy semejantes a esas que nos hemos referido, donde las mentiras y engaños se superponen con el único fin de, cual borregos, llevar a los sin deseos propios, al matadero de las urnas para depositar su aprobación a ser mal gobernados y timados por quienes se han convertido en sus amos, es decir, los políticos.
Son estos señores, uno de los mayores problemas que tenemos, ya que, la gran mayoría de los enganchados a la política, viven barrialmente en dimes y diretes, donde las maledicencias, constituyen el día a día, creyendo, de manera descarada, que todos los demás que no pertenecen a la manada, son similares a ellos.
Esta actitud, pone de manifiesto aquella vieja máxima cuando se refiere a determinados comportamientos, diciendo que la caída de los justos siempre viene de la mano de quienes más les deben.
Por eso, los mayores errores de los políticos -aparte de que los “herederos” entran de lleno en la cima organizacional de los partidos- es el cumplimiento de sus promesas de campaña con compañeritos, indelicadezas que cuestan mucho el poder justificar, sin importarles el buen cumplimiento de las funciones para las que fueron elegidos.
Con cierto cansancio, abordo el barco con ruedas y navego por el turbio escenario político, buscando una esperanza que nunca se hace visible.
Finalmente, solo encontramos fango, desfachatez y tramas inmorales. Que pena y desilusión que no podamos ver esa luz que nos indique tierra nueva, no contagiada o transportada para ser plantada en nuestro camino, con la finalidad de engañarnos, haciéndonos creer que en realidad el fango es tierra, es decir, que todo lo que nos presenta el trayecto, es solo más, mucho más de lo mismo que hemos visto y tenido.
Lo peor, es que pedimos y siempre nos dan lo mismo. Esto nos ha llevado a pensar, en ocasiones, que la oscuridad, no radica en la obcecación por la obtención de las ambiciones de estos políticos -que nunca se sacian-, si no, en nuestra heredada sumisión ante los que consideramos tienen la luz del poder, ya sea humano o celestial, y que, sin importar las veces que nos han engañado con falsas promesas, como los famosos cambios y demás yerbas que aducen como progreso, continuamos al fin, diciéndoles a estos negociantes de malas virtudes: Ego te absolvo in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
Reiteramos, que vivimos con una absoluta existencia de ausencias, que ya se hacen, ante nos, cuales si fuesen cuentos de hadas o hechos articulados por cuentistas de fabulas o ilusionistas, como esas que, al parecer, nadie sabe dónde encontrarlas, como la llamada Ética, la famosa Moral y, sobre todo, la millonaria y siempre ausente que le llamaban, Señora Humildad, tanto en el ser como en el hacer. ¡Sí señor!
Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
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